Una sociedad como la existente en la isla secuestrada de Cuba, es la expresión del lado malo de todas las cosas porque en ella no hay nada bueno y verdadero; dicha sociedad está basada en dos pilares principales: el miedo y la mentira. Ambos pueden ser combatidos eficazmente y derrotados por medio de la educación.
El sufrimiento es generado impidiendo a las personas satisfacer sus necesidades. Por ejemplo la guerra se usa para mantener a las personas en la miseria, destruyendo el fruto de su trabajo, la guerra es destructiva, obviamente; la miseria se usa para mantener la desigualdad, y la desigualdad como marco para los privilegios en función de comprar adeptos para mantener al "rebaño" sometido al efecto de preservar el poder. El hambre en Cuba no sólo es consecuencia de la ineptitud del régimen para posibilitar la creación de bienes de consumo, es en esencia un medio para lograr la perpetuación del poder en manos de los Castro.
El poder es la última meta de los liberticidas, no un medio para lograr algo, el progreso técnico se detiene, eso amenaza la supervivencia de la nación viable, pero ello no es un problema que le produzca reparos a la cúpula, más bien todo lo contrario; es sólo el poder por el poder, sin ninguna otra razón.
Se mantiene a las personas en la miseria para que ellos sólo se preocupen de sobrevivir cada día y no se interesen en asuntos más importantes, relacionados con la supervivencia individual y colectiva: el futuro, la política, la moralidad, la religión y la espiritualidad, la sabiduría, el arte, la necesidad de expresión, etc.
Los liberticidas saben que antes de preocuparse por esas elevadas cuestiones, las personas deben satisfacer sus necesidades más básicas, así que hacen todo el esfuerzo para que no lo puedan lograr.
Las necesidades de las personas pueden ser divididas en niveles, tales que, antes de que alguien se preocupe por los niveles superiores, debe haber satisfecho los inferiores. Existen prioridades.
Los niveles más bajos son aquellos que nos unen al mundo físico, a la supervivencia biológica. Los niveles superiores son aquellos que nos unen a Dios, al Universo, al Cielo, a la vida eterna.
El primer nivel es el de las necesidades básicas para la vida, para el cuerpo, para la supervivencia biológica, para continuar respirando: aire, agua, comida, ropa, alojamiento, seguridad, lo cual implica la necesidad de mantener la integridad física, etc. Es todo lo que nos mantiene vivos.
Los liberticidas buscan mantener a las personas oprimidas en este nivel, intentando evitar que puedan satisfacer totalmente sus necesidades y que apenas sobrevivan lo bastante para servir a la clase gobernante.
Pero sobrevivir es no vivir. Sobrevivir apenas es respirar. Vivir es disfrutar plena salud psicofísica.
Los budistas dicen que respirar y disfrutar de la vida deberían ser sinónimos, y que el secreto de la felicidad es estar satisfecho con muy poco, al grado de estar satisfecho sólo con respirar, en un estado de gracia, de éxtasis, de contemplación pacífica, que se maravilla en cada oportunidad, como un niño pequeño, con la belleza del mundo, como si esto se descubriese por primera vez, y estar contento y agradecido sólo por estar vivo, vaciando a la mente de todo el deseo y las emociones; ello requiere de mucha práctica y un mínimo de comida, agua, ropa, etc. Pero, para la mayoría de los seres humanos, para vivir de forma medianamente aceptable se necesita la satisfacción de otras necesidades.
El segundo nivel son las necesidades sexuales, el apareamiento, la pareja, que implica en las personas normales una razón de vida. Los liberticidas imponen todo tipo de obstáculos para impedir que sean satisfechas, tanto como sea posible. Cualquier alternativa debe ser considerada como un sustituto inferior de una sexualidad satisfactoria.
Cuando se enfoca la atención en los asuntos privados de las personas, cuando lo que todos vigilamos son las conductas privadas, cuando se gasta el tiempo en busca de la minima privacidad requerida, los asuntos públicos se pierden de vista, se deja de vigilar al gobierno, se pierde el control de lo que se está haciendo contra la sociedad y contra nuestras vidas. La falta de vivienda o lugares adecuados en Cuba para la privacidad de las parejas es absolutamente obvia; los habaneros saben que para las mayorías era como sacarse la lotería conseguir un espacio en un motel barato (en La Habana se le dice "posada"), luego de una larga espera; también saben de cuatro o cinco generaciones hacinadas, sin ninguna privacidad, en el apartamento que, cuando Cuba era libre, perteneció a los bisabuelos. Controlar la privacidad y las conductas privadas es una solución contraproducente típica, es decir, que produce el efecto contrario a aquel que el sentido común indica.
El tercer nivel es el de las necesidades afectivas: la familia nos proporciona las razones para sostener nuestra propia vida en función de poder sostener a otros. Los liberticidas hacen todo el esfuerzo posible para separar a las personas, separar a los hermanos, a los amigos, a los padres de los hijos, generar emociones negativas, etc.
Las emociones negativas son las que separan a las personas: miedo, odio, culpa, vergüenza, desconfianza, etc; y las positivas aquellas que las unen: amor romántico, filial, fraternal, amistad, caridad, compasión, etc. Quien haya vivido en Cuba sabe que bajo el castrismo las necesidas afectivas han sido atacadas con artilleria pesada de todas las formas posibles.
El cuarto nivel es la necesidad de servir a la comunidad, de ayudar al vecino, la necesidad de ser aceptado en la sociedad, de encajar en ella, de pertenecer a ella, la vocación de servicio, la caridad, etc.
Siempre que sea posible los liberticidas intentarán negar a las personas su lugar en el mundo, excluirlos, discriminarlos.
El quinto nivel es la necesidad de expresión, de crear arte, de enseñar lo que se ha aprendido, de opinar, de vive para inspirar a otros. Los liberticidas censuran e imponen reserva y secreto, niegan toda posibilidad de expresión que no esté controlada, manejada e inspirada por ellos.
El sexto nivel es la necesidad de aprender libremente, de ver, de saber, de ser educado. Los liberticidas combaten la educación libre para sembrar el dogma irrefutable del tirano e intentar perpetuar la ignorancia.
¿Por qué la necesidad de enseñar es inferior a la necesidad de aprender?. ¿No sería quizá lógico que fuera al contrario, aprender primero y después enseñar?. No, porque cuando se enseña, el inconsciente, el alma inmortal, asimila, memoriza, incorpora, lo que se aprendió, de tal manera que es más fácil conservarlo, es más fácil para el inconsciente recordarlo.
Si no se puede recordar, no se puede aprender, y ésa es la razón de la existencia. Cuando se enseña algo, se piensa mucho sobre eso, se puede soñar con eso, lo que indica que su inconsciente lo atesora permanentemente. Uno memoriza algo mejor cuando lo escribe, la amplitud y la intensidad del acto mejora la capacidad de aprender. Sólo cuando se enseña se está listo para aprender más, aprender nuevas cosas o aprender mejor las cosas viejas.
El séptimo nivel es la necesidad de acercarse a Dios, a la Inteligencia Universal, a la razón universal suprema, de comunión, de religión, de alguna práctica espiritual.
La Patocracia (del griego pathos: enfermedad, y kratos: gobierno) es el gobierno de las personas enfermas, el gobierno de las personas dementes. La Patocracia es el resultado de un proceso de malandrización de la sociedad, de histeria de la sociedad. La histeria siempre se ha relacionado con una sexualidad deficiente; ese postulado es usado en su concepto de Orgonomía por Wilhelm Reich (1897-1957), discípulo de Sigmund Freud.
Ejemplos de Patocracia son la Cuba secuestrada por los Castro, la Alemania Nazi de Adolf Hitler y la Unión Soviética de Joseph Stalin.
Los líberticidas que impiden a las personas satisfacer sus necesidades son psicópatas, y son incapaces de sentir compasión por aquellos de su propia especie, por no considerarse parte de ella. La compasión es lo que nos hace humanos. Por esa razón uno podría pensar que ellos no son totalmente humanos en el sentido que nosotros damos a la palabra humano. Ellos pueden ser humanos por fuera, pero no completamente humanos en el interior.
Su ley es la Ley del más Fuerte, la Ley de la Selva, la ley de los animales primitivos. Como animales, ellos huyen del más fuerte pero atacan el más débil. Eso es Cobardía: los liberticidas como el tirano Castro son esencialmente cobardes. Ellos pueden tener un cuerpo físico humanoide, pero con una mente no humana en parte, poseída (Personalidad Múltiple, o Desorden Disociativo de Identidad), lo que antiguamente se denominaba posesión demoníaca de la fe, una enfermedad espiritual, psicópata.
Los liberticidas como el tirano Castro tienen una perspectiva de la vida que es animal y darwinista, basada en la competencia más salvaje, no en la colaboración, la cooperación y la solidaridad. Es la supervivencia del más apto o inescrupuloso, no la supervivencia del más sabio. Viendo la vida como una competencia, ellos piensan que cuanto peor sea para el prójimo, tanto mejor para ellos, y creen que el prójimo piensa lo mismo de ellos, ven al prójimo como un reflejo de ellos mismos. Por eso, ellos le temen al prójimo. El miedo es la emoción que los domina. Tal vez han sido educados para temer desde niños, tal vez incluso desde antes de nacer, mediante torturas y abuso verbal, físico, sexual y psicológico, para dominarlos, para esclavizarlos, para convertirlos en marionetas, porque las cuerdas que los mueven están hechas de miedo.
Los liberticidas como el tirano Castro proveen deliberadamente enorme sufrimiento a grandes franjas de la población por dinero o por poder. Ellos sacrifican al vecino, literalmente, en todo el significado de la palabra sacrificio, especialmente el religioso. Funciona para ellos. Consiguen lo que desean a cambio de su ofrenda de sangre humana. Son recompensados por derramar la sangre de la gente en guerras, crimen, terrorismo, etc. Se recompensa el Daño. Al mismo tiempo que ellos proporcionan sufrimiento a las personas, están sembrando la ventaja en poder o dinero para sí mismos.
Uno vive para aprender y, hay dos maneras de hacerlo básicamente: entender lo que se está tratando de enseñarnos: metafísica, compasión, sabiduría, o experimentar en carne propia las consecuencias de no hacerlo, es decir, el sufrimiento ya mencionado. Es nuestra elección, nuestro libre albedrío. Todo lo que pasa en nuestra vida, individualmente o colectivamente, es consecuencia de nuestras decisiones anteriores. A veces eso se llama karma. Lo que sembramos es lo que nosotros cosechamos. Lo que nosotros damos regresa a nosotros como un bumerang, pero amplificado, multiplicado. Cada uno escoge lo que quiere creer, pensar, sentir, de lo que quiere informarse o aprender y soportará las consecuencias de su elección, buenas o malas.
LO QUE SE DEBE HACER
Primero necesitamos educarnos, necesitamos aprender sobre esas cuestiones importantes, aquellas sobre las que se nos ha mantenido ignorantes tanto tiempo, porque estas están en el origen de todos los problemas que amenazan nuestra supervivencia individual y colectiva.
Segundo debemos ser responsables. No debemos rendirnos al miedo. El miedo no permite pensar. Activa conductas automáticas, instintivas. El miedo nos transforma en animales. Eso es lo que los liberticidas quieren, detener nuestra evolución. Debemos pensar, pensar más, pensar mejor. Debemos razonar. Debemos escoger mejor, más cuidadosamente, qué creer. No debemos creer automáticamente todo lo que dice alguna autoridad, alguna fuente "fiable". Debemos analizar la información sin prejuzgar la fuente. Cada quien debe acceder a la información y juzgarla por si mismo, filtrándola a través de su propio sentido común, mientras es consciente de su probable carácter de cuestionada o polémica. No debe haber fuentes y asuntos tabú. No se puede censurar algo verdadero simplemente porque es usado como un tipo de bandera por algún grupo extremista.
Tercero y muy esencial, debemos ser proactivos, debemos con nuestros actos arrebatarle la ofensiva a los liberticidas, debemos colocarlos en su papel natural, es decir, en el de reaccionarios. Los hechos recientes alrededor de la huelga de hambre y fallecimiento del mártir Orlando Zapato Tamayo muestran claramente lo mucho que podemos lograr cuando le arrebatamos la ofensiva a la tiranía.
MUY IMPORTANTE
Si el patriota cubano que lucha por la libertad de su patria logra entender la esencia y base del poder, puede adquirir la mejor herramienta posible para encontrar los flancos flojos del control totalitario que sobre el pueblo cubano tiene la pandilla castrista.
Debemos adicionalmente comprender que sólo seremos capaces de defender los intereses de nuestro pueblo secuestrado intramuros, y el nuestro en el exilio, si logramos acomodar dichos intereses a e insertarlos en lo que ya ocurre causalmente a nivel global. Dije causalmente no justamente, de ello nos debemos ocupar las personas honradas racionalizando fria y escepticamente la realidad, absolutamente libres de la pesada carga de las emociones. No tiene sentido empujar en sentido contrario la corriente causal del rio, lo tiene aprovecharse de ella.
Si cometemos el error de dejarnos llevar por las emociones y nos colocamos ciegamente al servicio de una u otra agenda, de izquierda o derecha, seremos extrangulados por la determinada serpiente, no importa si la susodicha al presentarse adopta la forma de espina o flor.
Estoy cansado de repetir que el peor error de los exiliados cubanos ha sido no sólo creer que el gobierno de Estados Unidos es amigo de la causa de la libertad de Cuba sino, adicionalmente, cometer la idiotez de crearse enemigos defendiendo ciegamente a quienes, en realidad, son nuestros verdugos o co-verdugos porque nos flagelan tanto como aquellos que tenemos inequivocamente identificados como nuestros principales contrincantes.
Dr. Octavio Dilewis Ibarra-Tamayo
