Y claro que el honorable y culto jefe de la diplomacia cubana mandaría al carajo a quien le hiciera esas preguntas. Y se enojaría más quizás con esta:
Señor Canciller, a quienes le precedieron en su cargo no les fue bien. ¿No teme correr la misma suerte de Roberto Robaina y Felipe Pérez Roque? ¿No teme a las grabaciones y los videos que le hace la Seguridad de Estado al Ministro de Relaciones Exteriores de turno, para luego editarlas y usarlas en su contra?
¿Qué pensará esa gente?
El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, está en Nueva York. Lo vi en un video. Cada vez que lo veo, pienso en Roberto Robaina y Felipe Pérez Roque. Pienso en Carlos Lage. Pienso en toda esa gente, más o menos joven, que en un momento dado ha tenido posiciones importantes en el gobierno castrista o en el Partido Comunista. Y los ancianos que mandan en Cuba han acabado aplastándolos. ¿Pensará en estas cosas en algún momento Bruno Rodríguez? ¿No le pasará por la cabeza que no vale la pena defender a una familia que lleva cincuenta años oprimiendo a los cubanos y que jamás agradece a quienes les han servido de guatacones y cargamaletas? ¿Se creerá el cuento de que Orlando Zapata Tamayo era un delincuente común que se vendió al Imperialismo? ¿Creera que se justifica golpear a mujeres indefensas porque exigen la libertad de sus hombres, injustamente presos? ¿Creerá que decirle "negra de mierda" a una mujer que acaba de perder a su hijo es defender a la patria? ¿No teme Bruno Rodríguez terminar como Robaina, Pérez Roque y Lage?
Que brutos son.
El régimen dice que las personas que gritan a las Damas de Blanco cuando marchan por las calles de La Habana, que las empujan, que las pellizcan, que las escupen, que las amenazan, que les mienten la madre, son personas que actuan de una manera “espontanea” en defensa de la Revolución. ¿Cómo así? ¿Cómo se enteran de las marchas? ¿Por qué se ve ve mucha de la misma gente en esos actos de repudio, día tras día? Y, díganme, ¿para “defender la Revolución” tienen que actuar de una forma tan agresiva, tan chusma, tan incivilizada? En cualquier lugar del mundo que una turba la emprenda contra una manifestación pacífica a gritos, a golpes, a insultos con esas palabrotas, ese comportamiento se considera incivilizado, intolerante, salvaje. ¿No se educaron esos “defensores” de la Revolución en las escuelas el sistema educativo de Cuba, que según el gobierno es uno de los mejores del mundo? ¿De quien aprendieron ese comportamiento tan vulgar? ¿De sus maestros revolucionarios? ¿No son parte de una buena educación los buenos modales? Y claro que todos sabemos que esos actos de repudio son organizados por el régimen. Pero, supongámos que de veras fueran manifestaciones “espontáneas,” ¿no habla mucho entonces de los valores, la ética, la decencia que aprenden los”defensores espontáneos de la Revolución” el hecho de que se comporten como unas hienas en manada porque unas señoras, mucha de ellas de avanzada edad marchan por una calle? ¿Y qué es eso de gritar “Esta calle es de Fidel!”? ¿Las calles son de Fidel? Que sumisión ¿no? Y claro que a esas turbas y a esos policías que les protegen no les interesa lo que se piensa de ellos. Quizás, porque no pueden salir del país, no pueden leer lo que les de la gana, no pueden tener acceso a la Internet, no se dan cuenta de la imagen que proyectan. Quizás creen que en el mundo entero la gente le grita amenazas y golpea a personas con las que no se está de acuerdo, aunque sean ancianas. Pero, concho, que guataquería. Que ignorancia. Salen a dar alaridos y golpes a unas pobres indefensas mujeres porque “Esta calle es de Fidel!” Que estupidez, que intolerancia, que cobardía, que salvajismo, que manera de comer mierda.
Cubanos y cubanas.
Escuché hace minutos a Guillermo Fariñas en una entrevista que le hicieron en la televisión. Ojalá desista de su huelga de hambre y de sed. Ojalá no muera. Nos hace falta vivo.Conmueve escuchar a un cubano tan dispuesto a ser consecuente con lo que piensa.
Pensaba esto: Son nuestros hermanos negros y nuestras mujeres quienes han asumido el liderazgo moral de la lucha por la libertad. Orlando Zapata Tamayo, Guillermo Fariñas, Oscar Elías Biscet, Darsi Ferrer, Antúnez. Las Damas de Blanco, Yoani, Claudia, Reina Luisa.
Se enfrentan al castrocomunismo.
Borran cualquier huella de racismo y machismo que quedaba entre los cubanos.
Hay que estar a la altura de las palmas.
Se le está haciendo más difícil la represión al castrismo porque ha surgido gente muy seria entre la oposición. Es cosa seria que un humilde albañil, un negro nacido y criado dentro de la Revolución, tiene la entereza, tiene los testículos para llevar una huelga de hambre hasta las últimas consecuencias. Yo no estoy de acuerdo con las huelgas de hambre. Yo pienso que Pedro Luís Boitel y Orlando Zapata Tamayo nos hacían falta vivos, les hacían falta vivos a Cuba. Pero admiro su valentía, su espíritu de sacrificio, su rigor. Yo quisiera que Fariñas abandonara su huelga de hambre. Pero le respeto su valor y le respeto su coherencia.
Es cosa seria que unas mujeres, muchas de ellas de avanzada edad, se arriesgan a caminar por las calles habaneras a exigir la libertad de sus hombres encarcelados, la libertad de todos los cubanos, y enfrentan con coraje y dignidad a los represores que las golpean y las insultan.
Es cosa seria que jóvenes como Yoani Sánchez y Claudia Cadelo, dentro de Cuba, denuncian la realidad que vive su pueblo, y lo hacen escribiendo bien, hablando bien, con elocuencia, con dominio de las ideas y de la gramática y de los modales.
Cuba ha sufrido mucho en más de medio siglo. La lucha por su libertad no es cosa de vulgaridad ni de mal gusto ni de incultura.La libertad de Cuba la ganaron los valientes.La lucha por la libertad fue dirigida por cubanos ilustrados. Iustrados y cultos eran Carlos Manuel de Céspedes, José Martí, Ignacio Agramonte.
La libertad de Cuba la ganó gente que se preparó para la guerra armada y fue a los campos de batalla a luchar y morir. Y gente que se preparó para la guerra de las ideas. Gente que se cultivó. Gente que sabía hablar y sabía dirigir y que con su palabra motivaba y aglutinaba.
Esta es una guerra muy distinta a la de los Mambises. Esta es una guerra que no se puede librar con el machete ni la metralla. El poder del enemigo es aplastante,Esta es una guerra de ideales y de ideas, que pueden ser tan mortíferos como la metralla. Esta es una lucha que tienen que dirigir quienes se han preparado para dirigir, estudiando, leyendo, bebiendo de nuestra importante historia y cultura. Quienes pretenden ser protagonistas de la lucha por su libertad tienen que estar a la altura de Céspedes, Agramonte, Maceo, Gómez, García y Martí.
Pienso que así lo hacen las Damas de Blanco. Así lo hizo Zapata Tamayo.
Pienso que así se hizo en la Marcha de la Calle Ocho.
El liderazgo.
Soy un tipo simple. Uno más del montón. Pero desde niño, he tratado -quizás sin mucho éxito- de cultivarme. Leo mucho. Escucho mucha música buena. Voy a los museos. He viajado mucho. A más de cincuenta países. He conocido a mucha gente inteligente. Las he escuchado detenidamente. Me he pasado la vida tratando de aprender. Una de las cosas más importantes que he aprendido es que soy escéptico de la gente que se cree líder. No quiere decir que no crea en la necesidad de que haya líderes. Todo lo contrario. Hacen falta. Pero no todo el mundo puede ser un líder. Yo, por ejemplo, no puedo ser líder de nada. Pero tiendo a escuchar a quienes, además de vivir con valentía y dignidad, hablan con elocuencia, tiendo a prestar atención a quienes escriben con claridad.
Digo esto porque, como cubano, considero solo a unas cuantas personas como líderes en la lucha por la libertad y la democracia en el país donde nací. Respeto a todos quienes luchan porque haya libertad y democracia en Cuba. Pero solo reconozco a algunos líderes. Como por ejemplo, a las Damas de Blanco, el Dr. Oscar Elías Biscet, el Dr. Darsi Ferrer, Guillermo Fariñas, Antúnez, y los demás disidentes y blogueros que dentro de Cuba se enfrentan a la dictadura castrista. Yo respeto la valentía de toda esa gente. Respeto también todos ellos se arman de ideas y de conocimientos para enfrentar al adversario.
Pienso que también hay muchos cubanos valiosos fuera de Cuba que merecen ser considerados líderes. Gente que se ganó esa posición con su sacrificio, su espíritu de lucha. Pero pienso que hay algunas personas en el exilio cubano que, con buenas intenciones o no, se creen líderes y no lo son.
Yo pienso en José Martí, el más grande de los cubanos. Pasó toda una vida preparándose, adquiriendo conocimientos y cultura. Los grandes líderes tienen que hacer eso. Tienen que leer, tienen que educarse, tienen que escribir y hablar bien. Martí no era estridente. Denunciaba la injusticia sin caer en la demagogía, ni en el insulto personal ni la chabacanería. Estaba a la altura de la causa que defendió. Durante toda su vida se comportó con la dignidad, la decencia, que merecían la causa. Y al final fue consecuente con lo que predicaba. Convocó a la “guerra justa y necesaria.” pero estuvo dispuesto a entregar su vida en esa guerra.
Hoy día hay otro tipo de guerra en Cuba. El régimen tiene todo el poder. Es un poder tan aplastante que es imposible lanzarse a la manigua para combatirle. Es una lucha muy distinta -quizás más difícil- que la de los Mambises. Pero hay quienes luchan Hay mujeres vestidas de blanco, con flores en las manos, que caminan por las calles habaneras exigiendo libertad, acosadas por los represores, que, aún con todo su poder, no pueden aplastarlas. Luchan, desde sus celdas, con su ejemplo, los prisioneros de conciencia. Luchó hasta su muerte Orlando Zapata Tamayo.
Yo respeto a esos luchadores. Por su valentía. Por su dignidad. Respeto al que lucha desde adentro y es consecuente con lo que piensa.
Respeto también a quien lucha desde lejos y se arma de cultura, de conocimientos, y se comporta a la altura de una causa tan sagrada como es la libertad.
Yo pienso que quienes aspiran a dirigir, quienes piden que se les escuche y se les siga. tienen la obligación de adquirir cultura y conocimientos, tienen que hablar y escribir bien, y tienen que aprender a ser persuasivos, sin estridencias, sin chabacanería, si protagonismos, para que su mensaje llegue.
Yo pienso que la concurrencia a la Marcha de la Calle Ocho es prueba de que los cubanos del exilio aún ansían la libertad de su Patria, que no se sienten derrotados, que están dispuestos a seguir a quienes tienen poder de convocatoria.
Yo admiro a los apasionados. A los que viven y respiran por Cuba. A los que no descansan. Reconozco su espíritu de lucha. Pero a un pueblo que tiene como Apóstol de su Libertad a un poeta, a un orador, a un escritor como José Martí, a un maestro de la palabra y de las metáforas y los símbolos, hay que convocarlo y dirigirlo con un discurso de altura.
Pienso que, guardando las distancias, eso es lo que ocurrió con la Marcha de la Calle Ocho. Fue una convocatoria con altura.
Lo dije al principio. Soy uno más del montón. Respeto el derecho de expresión de cualquier persona. Admiro a todos quienes luchan. Pero para convocarme a mi, es importante que tanto el mensaje como el mensajero estén a la altura de una causa tan sagrada como es la libertad del país donde nací. Yo, desde niño, me sentí convocado por José Martí. Y, como conozco de su vida y de su muerte, como conozco lo que habló, lo que escribió, lo que hizo y la manera en que lo hizo, tomo muy en serio todo lo relacionado a Cuba. No sigo a cualquiera.
Ricardo Brown