EEUU y Rusia entierran la Guerra Fría con un ambicioso e histórico pacto nuclear

En la fastuosa Sala Española del Castillo de Praga -antiguo salón de baile, banquetes y coronaciones de los reyes de Bohemia-, Estados Unidos y Rusia sellaron hoy el tratado de reducción de cabezas nucleares desplegadas más ambicioso desde 1991.

En la sala barroca mandada construir por Rodolfo II de Habsburgo (sobrino de Felipe II), el presidente norteamericano, Barack Obama y su homólogo ruso, Dimitri Medvedev, estamparon su firma en el tratado de 154 folios que debe sustituir al START (firmado en 1991 meses antes del final de la URSS) en medio del chisporroteo de los flashes de los fotógrafos.

El líder ruso se refirió al "suceso histórico" que supone la firma del tratado y recordó que además de limitar el número de cabezas nucleares a "1.550 por cada país" y a 800 los ingenios de lanzamiento (misiles, bombarderos y submarinos), el acuerdo ruso-norteamericano "beneficia a toda la comunidad mundial".

El acuerdo mantiene un equilibrio de intereses entre ambos países. "No hay ganadores ni perdedores", dijo Medvedev, en referencia a las concesiones que ambas partes han tenido que hacer para alcanzar el acuerdo. Por su parte Obama recordó que Rusia y EEUU acumulan el 90% de las cabezas nucleares existentes en todo el planeta, lo que exige que ambos países lideren el camino hacia un mundo sin armas nucleares, tesis del discurso que pronunció en Praga hace un año y que supuso la ignición del tratado firmado hoy.

Tras coincidir en la importancia del tratado como piedra clave para el reinicio de las buenas relaciones entre Rusia y EEUU, ambos mandatarios lanzaron una señal a Irán para que reconsidere su cerrazón en su desafío nuclear. "Está en mi expectativa que obtendremos sanciones firmes y duras esta primavera", dijo Obama, con la vista puesta en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Medvedev reconoció que Rusia no descarta la apoyar "strong>sanciones inteligentes" contra Irán porque "lamentablemente", dijo, Teherán no reacciona positivamente a las propuestas internacionales para que renuncie a su programa nuclear. "No podemos cerrar los ojos", añadió el líder ruso. "Necesitamos sanciones para promover que un estado se comporte de forma apropiada dentro de los márgenes de la legalidad internacional", dijo Medvedev, que advirtió, no obstante, de que "las sanciones casi nunca dan los resultados apetecidos".

El presidente ruso reconoció que "el asunto más complicado en las negociaciones" fue la vinculación entre los armamentos ofensivos y defensivos. Esta ligazón se establece formalmente en el artículo XIV del tratado, al que Rusia ase aferra para justificar su eventual salida del mismo en el supuesto de que su seguridad se vea amenazada por un incremento de los sistemas estratégicos defensivos de EEUU.

En el punto de mira de este debate se sitúa el escudo antimisiles que EEUU planea instalar en Rumania y Bulgaria, una versión simplificada del que la Administración Bush quiso desplegar en República Checa y Polonia, y al que Moscú se opuso de plano.

Según los expertos, la única posibilidad de que EEUU fuerce la salida de Rusia sería una modernización o ampliación técnica del escudo rumano-búlgaro, lo que, en cualquier caso, no parece que vaya a suceder en los próximos diez años (que es el plazo de duración del acuerdo). "No haremos nada que suponga una amenaza para la seguridad de Rusia", recalcó Obama, que no descartó la posibilidad de implicar a Rusia en el proyecto de escudo en Europa del Este porque -recalcó- el sistema no va dirigido contra los rusos, sino "contra terceros países". Medvedev pidió expresamente una "estrecha participación" de Rusia en los planes de EEUU.

El otro nubarrón que nubla los horizontes del acuerdo lo representa la ratificación en el Senado de EEUU, donde Obama tendrá que granjearse el apoyo de al menos ocho senadores republicanos para sacar adelante el texto. Medvedev insistió en que Rusia desea que la ratificación sea "sincronizada" para que no ocurra con el tratado de desarme START II (firmado en 1993) que EEUU nunca llegó a ratificar.

La nota distendida la puso Medvedev en la rueda de prensa posterior a la firma del acuerdo, cuando reconoció que sus conocimientos de "telemetría" se han incrementado sobremanera tras las arduas y largas negociaciones mantenidas por ambos mandatarios sobre los sistemas mutuos de verificación de arsenales que a partir de ahora serán "más sencillos", señaló el líder ruso.

La Sala Española donde se firmó el tratado recibe su nombre de las antiguas caballerizas que se levantaban en este lugar para alojar a los purasangres españoles. ¿Cuándo tiempo tardarán Moscú y Washington en mirarle el diente al nuevo acuerdo?

ElMundo.es - Daniel Utrilla (Enviado especial) - Praga