El pasado Martes 23 de febrero del presente año 2010 terminó de ejecutarse la sentencia a muerte del prisionero de conciencia cubano Orlando Zapata Tamayo, un joven negro de 42 años, cuyo único delito fue disentir de la dictadura cincuentenaria de los hermanos Castro.Los anuncios de su agonía habían rodado por los diferentes medios, hasta que por fin para el descanso de su maltratado cuerpo falleciera.
Lo que nunca se imaginó el régimen castrista es que esa muerte traería al mundo dos semillas, el dolor de una madre quien a pesar de su pérdida tuvo toda la dignidad de rechazar la "lamentación" hipócrita de Raúl Castro y al hacerlo esa voz tuvo más fuerza que la de la opresión a la que se veía sometida.
Cuando Orlando entregó su vida por la defensa del derecho a disentir estaba plantando la semilla de la libertad.
El silencio cómplice del resto de los gobiernos de la llamada comunidad internacional hicieron resaltar las falsedad de las condolencias a Reina Tamayo, madre de Orlando por parte de Raúl Castro y Lula da Silva y el reclamo tibio de Rodríguez Zapatero de “liberar a todos los presos políticos”, algo que se le ha pedido que haga desde hace un largo tiempo atrás y nunca lo había hecho, es más siempre ha considerado que el régimen cubano es democrático .También es evidente el silencio de El Vaticano, nadie debería morir de esta manera, ni por esta causa.
Demás está decir que esas condolencias en una rueda de prensa ante periodistas extranjeros por parte de Castro fue para no quedar “avergonzado” ante la opinión pública por la execrable acción de crueldad de su dictadura. Las declaraciones de Lula reflejan de cuerpo entero a quien desde ya hace algún tiempo ha perdido la confianza de las naciones latinas.
Al pueblo cubano que vive en la isla cárcel no se le ha permitido conocer la noticia: Los cubanos en la resistencia están pasando la noticia de boca a boca, no les ha quedado otra vía.
La más sentida descripción sobre el martirio al que fue sometido Orlando Zapata fue escrita por la bloguera cubana Yoani Sánchez, quien con toda la fuerza de su palabra nos hizo vivir a sus lectores el sufrimiento de un joven que fue condenado a ser enterrado en vida, se le negaron todos sus derechos, fue maltratado, golpeado, vejado, se le negaron las visitas familiares. Lo que no entiende el régimen castrista es que si alguien es capaz de sufrir todo ese vía crucis por amor a la libertad, es porque la libertad es un divino tesoro, que vale la pena conocer.
El traslado del cadáver de Zapata Tamayo hasta Banes, en la Provincia de Holguín en Cuba, fue una operación de máxima seguridad, como que si con tal medida se pudiera esconder la culpabilidad, la dictadura pretendía que el entierro fuera apresurado, con un mínimo de visibilidad, detuvo a 50 opositores, no dejó pasar a otra gran cantidad, pero aún así no lograron acallar una muerte que es tan terrible como la de los mártires que fueron al paredón.
Por parte del oficialismo cubano apareció publicado “Sólo un artículo del periodista Enrique Ubieta, titulado 'Zapata ¿un muerto útil?' apareció publicado en un sitio digital oficial.
El texto acusa a los «mercenarios» -como el Gobierno califica a los disidentes- de haber «instigado» al fallecido, un albañil de 42 años, a la «autoejecución». Agrega que su muerte «regocija íntimamente a sus hipócritas dolientes», quienes exhiben su cadáver «con cinismo como trofeo colectivo”(*)
¿A quien creen que engañan? A quienes siempre hemos sabido que en Cuba existe una férrea dictadura, a quienes hemos visto a los cubanos enfrentar a un océano infestado de tiburones con tal de encontrar la esperanza de una vida en libertad. A quienes sabemos que toda la propaganda sobre los logros de la revolución cubana no es más que una fachada, que esconde a unos asesinos.
La muerte de Orlando Zapata Tamayo es una enseñanza sobre lo que es una lucha librada sobre la moral y los principios.
Mercedes Montero, DIARIO DE AMERICA