Por Juan José López Díaz.
En Cuba el “bache de la esquina” otrora tema de crítica permitido por las autoridades, hoy además de haber furnia y vertederos infecciosos en toda calle y carretera, es queja pública y una faceta del ordeno y mando característico del gobernante Raúl Castro, quien hace meses instó a la población a hablar de estos problemas.
Represión a la orden, destrucción y desnutrición de la mayoría de la población describen causa y efecto de la situación cubana. Reprimir es también la respuesta ante estos reciclajes de crisis, las cuales se agravan, disminuyen y se recrudecen como un círculo vicioso.
El desastre cubano debido a una forma de gobernar que viola el derecho de desarrollo del pueblo cubano, inclúyase la violación de derechos fundamentales y libertades básicas, es motivo suficiente para tomar otras medidas internacionales y resolver el problema cubano.
Cuba vive un estado de ingobernabilidad. Son cincuenta y casi un año más de desastre y atentado contra la vida y la libertad. La humillación ciudadana y restricción absoluta de sus iniciativas ha generado una situación difícil de reflejar: no se habla de hambruna generalizada como es conocida en muchas partes del tercer mundo pero, la desnutrición es un hecho irrefutable.
Una prueba visible de desnutrición en Cuba es la falta de talla y peso de los niños en edad escolar a causa de la falta de proteínas, carbohidratos y grasas necesarias, lo que también influye en el desarrollo de la inteligencia humana. Esto fue motivo de investigación y censura extrema por parte del gobierno cubano hace unos pocos años.
Un gobierno Fideicomisario temporal seria una solución viable para un corto periodo de reconstrucción nacional. Dicho gobierno fideicomisario integrado por cubanos y una representación de la Organización de Estados Americanos prepararía el camino de una verdadera democratización en Cuba. Un ejemplo de este mecanismo funciona en el Hospital Jackson de Miami, gerenciado por una administración fiduciaria del Condado.
Este planteamiento no contradice la idea de independencia y auto gobernación, lo que deberá reiniciarse después de elecciones libres y justas, las cuales no chocarían con la opinión internacional al derivarse de su solidaridad y no de un gobierno de facto.
En Cuba se observa un gran deseo de vivir, de recuperar tiempo perdido. Por ello la salida del país es el único programa cierto de movilización espontánea de nuestra sociedad del otro lado del mar. Se dice popularmente: en la yuma ( Unites States) todo esta hecho, aquí hay que empezar de cero y hasta ahora no hay un contraprograma divulgado y acogido por los cubanos.
El deseo de recuperar el tiempo perdido de esa sociedad ha generado una actividad parasitaria y corrupta que conspira contra su desarrollo presente y futuro. Muchos recursos destinados a la reconstrucción del país serán desviados y utilizados en las prioridades de quienes operen estos planes, dificultando su solución.
Hace mucho tiempo pensé que los deterioros de las carreteras, las viviendas entre otros desastres podían resolverse con inversiones. Un plan de obras publicas que generaría tanto empleo como beneficio en nuestra infraestructura, programa que debe impulsar el gobierno y que cada día se aleja de su posibilidad. Hoy pienso diferente.
Desde luego los planes de obras públicas no excluyen a la sociedad civil, en particular a la empresa privada, algo ausente en Cuba, al menos en manos nacionales. Los negocios que manejan las familias privilegiadas se manifiestan como formas trasfiguradas de la propiedad estatal, eso no afectan los planes del gobierno e incluso cualquier testaferro a su cargo puede ser destituido con facilidad.
Lo cierto es que de una estructura mafiosa como la existente en Cuba teñida con una ideología que ha dividido radicalmente a nuestra sociedad hace imposible su solución, incluso el cambio debe ser bien objetivo. Más bien no estoy de acuerdo con un gobierno de facto, prefiero el Fideicomiso temporal e integrado como apunte en párrafos arriba.