EL SILENCIO DE LOS CARNEROS


Por Roberto Luque Escalona

De las relaciones entre los intelectuales y la Revolución Cubana se trata en estas páginas. Debo aclarar, ante todo, que utilizaré la palabra "intelectual" como sinónimo de "escritor". No se trata de una manifestación de exclusivismo gremial, sino de mi convencimiento de que la literatura, en sus diversos géneros, es la manifestación del intelecto que mayor influencia política ejerce, el que posee mayores posibilidades de llegar a la mente de las personas y el de mayor importancia en la cultura cubana. Sólo el cine y la televisión pueden competir con la literatura en cuanto a capacidad de comunicación, y quizás superarla, pero ambas son de reciente creación; además, implican una inversión inicial de capital y el uso de medios técnicos, lo que facilita su control por el Estado totalitario.

El ballet y otras manifestaciones danzarias son poco menos que inocuas desde el punto de vista político; por eso han tenido tanto desarrollo en la difunta Unión Soviética y Cuba. Algunos pintores y escultores, como los deportistas profesionales, ganan más dinero del que merecen, pero esa bonanza económica no aumenta la influencia de su arte. En cuanto a la música, es casi tan manipulable como el cine y la televisión.

Son los escritores los que con mayor eficacia reflejan el devenir social, los que mayores oportunidades tienen de crear una conciencia crítica en los demás. Son, por ello, los de mayor peligrosidad potencial para una tiranía. He dicho potencial, que para criticar a un tirano hace falta algo más que talento cuando se vive bajo su gobierno.

Por otra parte, que tengan la oportunidad de crear conciencia no quiere decir que lo hagan o que estén obligados a hacerlo. Como todos, los escritores tienen derecho a la indiferencia, que no es, necesariamente complicidad. Julián del Casal fue un indiferente; Roberto Fernández Retamar es un cómplice.

Hablaré, pues, de los escritores. Es inevitable referirse a otro tipo de creadores, pero serán casos aislados.

En la segunda década del siglo XIX, el frenesí independentista estaba en su apogeo. Guerras, revueltas y conspiraciones se sucedían en la América hispana. No así en Cuba. Los cubanos no pasamos de la conspiración, lo que resultó, a la larga, una manifestación de sentido común. Entre los primeros conspiradores, uno de los más destacados fue el poeta José María de Heredia, que formó parte de la sociedad secreta conocida como Soles y Rayos de Bolívar. Casi adolescente en su época de conspirador, Heredia, ya cerca de la madurez y más cerca aún de la muerte por tuberculosis, renegó de sus ideas independentistas; en realidad, lo que sucedía en México, donde vivía, y en el resto de los países hispanoamericanos era como para volverse renegado. Mucho y mal se ha hablado y escrito sobre el general Miguel Tacón, entonces gobernador de Cuba, pero lo cierto es que, si se le compara con el también general Antonio López de Santa Anna, cinco veces presidente de México durante los años mexicanos de Heredía, don Miguel era al menos aceptable. Heredia murió antes de cumplir los 40, y ha sido criticado y defendido. De todos modos, fue nuestro primer escritor rebelde. Su Himno del Desterrado mantiene, por desgracia, actualidad.

El segundo fue el padre Felix Varela, cuya inclinación por la política, la enseñanza y el sacerdocio eran más fuertes que la que sentía por la literatura. En la política estaba, exactamente en las Cortes de Madrid, cuando, en su condición de diputado, votó a favor de la destitución del rey Fernando VII. Al recuperar el poder aquel áspero rey, el padre Varela debió huir a los Estados Unidos, convirtiéndose en el primer cubano exiliado en esta tierra. Varela se estableció en New York, en una diócesis poblada por irlandeses que llegaron a considerarlo una especie de santo. Como Heredia, abandonó el independentismo, pero su desilusión no fue con la idea, sino con la poca aceptación que ésta tuvo entre los cubanos de la época. Antes que la indiferencia lo llevara al hastío publicó magníficos ensayos en su diario El Habanero.

Gabriel de la Concepción Valdez, llamado Plácido, no fue separatista, no se interesó nunca por la política, pero fue el primero al que le tocó morir a causa de ella. La matanza de esclavos conocida por el estrambótico nombre de Conspiración de la Escalera se extendió a negros y mulatos libres, algo natural, pues no le habían costado un centavo a nadie, mientras que cada esclavo muerto le golpeaba el bolsillo a su amo. Al plácido bardo, cuya vida y muerte no fueron nada plácidas, le tocó morir en el escarmiento. En su postrer poema, Plegaria a Dios, leído por él mientras marchaba hacia el patíbulo, se declaró inocente. Seguramente lo fue. De todos modos, este escasamente instruido y abundantemente dotado poeta fue el primer escritor cubano víctima de los conflictos sociales, el primer escritor mártir. A mis compatriotas les gusta mucho esa palabra. A mi no.

Juan Francisco Manzano, un esclavo cuya libertad compró el grupo de intelectuales que aglutinaba Domingo del Monte, escribió poemas y una autobiografía en la que narra su vida bajo la esclavitud. Lamentablemente, su talento no estaba a la altura del de Plácido. La entonces famosa Gertrudis Gómez de Avellaneda y el poco conocido Anselmo Suárez y Romero también trataron el tema esclavista en sendas novelas, Sab y El negro Francisco, ambas de poco valor. La literatura cubana anti-esclavista no produjo nada parecido a La cabaña del tío Tom, cuyo protagonista es hoy menospreciado por los negros americanos, pero siempre será amado por mi. Por lo demás, ninguno de los tres sufrió nunca persecución ni exilio, ni fueron independentistas.

Cirilo Villaverde, fue, de lejos, el mejor novelista cubano del siglo XIX. Su Cecilia Valdez es, aun hoy, el personaje literario de mayor celebridad entre los cubanos. Villaverde no fue independentista ni indiferente: fue anexionista, tendencia política que dominó el separatismo de los cubanos hasta la derrota del Sur en la Guerra Civil Americana.. El anexionismo tuvo de todo: héroes, mártires, conspiradores, obreros, teóricos, escritores. De éstos, Villaverde fue el de mayor renombre y calidad, aunque Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, el recordado Cucalambé, también fue anexionista, así como otro poeta, Miguel Teurbe Tolón, cuyos versos se tragó el olvido, pero que se instaló de manera permanente en la memoria colectiva al diseñar nuestra bandera nacional, "la extraña bandera cubana" de que hablaba el célebre escritor americano Henry Miller. No era extraña; era original. Hasta que el poeta matancero la dibujó, en ninguna bandera aparecía el triángulo, diseño por cierto muy imitado en el siglo siguiente.

La Guerra de los Diez años tuvo también sus escritores, dos de ellos de obligada mención. El ensayista Manuel Sanguily, coronel, y el poeta Juan Clemente Zenea, fusilado por los españoles. A Zenea, muerto en lo que luego se llamó "el paredón", cuyo mejor poema lleva el premonitorio nombre de Fidelia, se le ha acusado de traicionar la causa independentista. No sé cómo pudo haberla traicionado, pues fue capturado en misión de guerra, acusado de traición a España y ejecutado.

En la Guerra del 95, a despecho de la presencia de generales hechos y fogueados en la guerra anterior, la máxima figura fue un escritor, tan mencionado, historiado, citado, llevado y traído, en fin, tan famoso, que no creo necesario extenderme sobre su desempeño intelectual y político. Sólo quiero señalar que el renombre literario de Martí es muy anterior a su actuación política, y que un país donde tanto se ignoró a los escritores antes de 1959, donde tanto se les ha hostigado, vilipendiado y, por último, envilecido después de ese año aciago, tiene como máxima figura histórica a un escritor muerto en combate.

Bonifacio Byne, otro poeta matancero como Teurbe Tolón, ha alcanzado una especie de inmortalidad por los muy recitados versos en los que expresa su disgusto por la presencia en Cuba de la bandera americana. Mucho patriotismo, pero poca poesía.

El primer conflicto de gran envergadura de la era republicana, que de baja intensidad hubo varios, fue la revuelta contra el gobierno de Gerardo Machado. Antes, durante la presidencia de Zayas, tuvo gran resonancia la llamada Protesta de los Trece, en la que participaron los más renombrados escritores cubanos de entonces. Dos de ellos, el poeta menor Rubén Martínez Villena, del Partido Comunista, y el ensayista mayor Jorge Mañach, de la organización derechista ABC, tuvieron luego destacada participación en la lucha contra Machado, pero el más talentoso de los Trece, el novelista Alejo Carpentier, quedó curado para siempre de toda inclinación al riesgo después de una breve temporada en la cárcel. También debe mencionarse a Juan Marinello, comunista como Martínez Villena, ensayista como Mañach, hombre cuya lentitud de pensamiento recordaba el lugar donde nació, un pueblo de Las Villas llamado Jicotea.

De esa época es también Pablo de la Torriente Brau, muerto en combate durante la Guerra Civil Española; por supuesto, en el bando republicano; Raúl Roa, ensayista, escribía de manera abominable, en mi opinión, pero algunos gustan de su esperpéntico estilo. El poeta comunista Nicolás Guillén, muy superior a Martínez Villena y que ya había dado sus primeros pasos por el camino de la fama, se mantuvo tranquilo y sosegado durante la dictadura de Machado, pero luego estuvo también en España, aunque lejos de las balas que mataron a Torriente Brau; lejos de todas las balas.

Lo que he tratado de ilustrar es que en Cuba no hubo un solo movimiento político de importancia anterior a eso que se conoce como la Revolución Cubana en que no participaran escritores más o menos renombrados.

Algo sucede a partir de entonces. No puedo determinar en que consiste, pero el hecho es que la lucha contra la dictadura de Batista se desarrolló sin el concurso de los hombres de letras o de los dedicados a cualquier otra actividad creativa. Carlos Franqui tuvo una participación destacada en la revolución, pero por entonces no se le consideraba un escritor, y de hecho no lo era, pues no había publicado nada. A Humberto Solás, que luego ganaría muchos admiradores como director de cine (entre los cuales no me cuento) y que colaboró con los combatientes de la clandestinidad, tampoco se le podía considerar un creador en aquellos tiempos. Lo mismo puede decirse de Nicki Silverio, que era entonces un nadador famoso, no un intelectual.

Santiago Armada, Chago, ya dibujaba cuando se alzó en la Sierra Maestra, pero no era aún lo que algunos dicen que llegó a ser, un genio del dibujo humorístico. Reynaldo Arenas estuvo alzado en las alturas de Gibara poco antes de caer Batista... cuando era un adolescente de quince años y ni siquiera pensaba en ser escritor.

Entre los que ya eran conocidos y reconocidos, uno, solamente uno participó: el escultor Roberto Estopiñán.

¿Qué sucedió con los intelectuales cubanos, especialmente con nuestros escritores? En el periodo que transcurre entre la dictadura de Machado y la de Batista parecen haber estado preparándose para la abstención. Carpentier decidió no volver a visitar jamás una cárcel, mantuvo firmemente su decisión, y pasó casi todos esos años entre Francia y Venezuela, en ese último país como funcionario de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. El hermético poeta José Lezama Lima, que en tiempos de Machado participó en la manifestación en la que mataron a Rafael Trejo, se construyó un mundo aparte, una "torre de marfil", de la que salieron algunos de sus seguidores y epígonos (Cintio Vitier, Eliseo Diego y sus esposas, las finas y bellas hermanas García Marruz) para convertirse en incondicionales de Fidel Castro después que éste tomó el poder. La poetisa Dulce María Loynaz también construyó la suya y en ella permaneció hasta su muerte de nonagenaria. El dramaturgo Virgilio Piñera se marchó a Buenos Aires. El novelista Enrique Serpa se dedicó a la diplomacia. Lidia Cabrera, la blanca que le dio voz a los negros, José Angel Buesa, el tan leído y recitado poeta, Carilda Oliver Labra, la erótica, sonora y matancera poetisa, y Lino Novas Calvo, Carlos Montenegro y Enrique Labrador Ruiz, junto con Carpentier, los mejores narradores de la primera mitad del siglo, no sé qué hicieron. Nicolás Guillén se dedicó a lo de siempre: escribir bien, vivir mejor y seguir la línea del Partido Comunista, que hasta mediados de 1958 se oponía a la insurrección contra Batista; dicen que "donde fuego hubo, cenizas quedan", y los comunistas cubanos habían amado intensamente al sargento devenido en Presidente.

La sociedad cubana había desarrollado un sólido desinterés por la literatura, que luego heredaría la comunidad cubana de Miami. Muchos hablan despectivamente de Buesa. Yo no, que hacerse leer por los cubanos no es poca cosa. Por su parte, nuestros escritores parecen haberse puesto de acuerdo para corresponder a la indiferencia con la indiferencia. Mala decisión: cuando alguien se permite lujos que no están a su alcance, siempre se produce la quiebra.

En suma, que a partir del 12 de diciembre de 1936, cuando Pablo de la Torriente Brau fue muerto en un lugar cerca de Madrid llamado Majadahonda, fue como si los intelectuales cubanos decidieran de manera unánime que la vida es demasiado bella para ponerla en peligro. Tal decisión parece sensata, pero la sensatez se anula cuando a los que han decidido no asumir riesgos les da por admirar sin medida a quienes los asumen.

Entre las armas y las letras siempre ha habido conflictos y desavenencias, originadas generalmente por los hombres de armas, cuya actitud hacia los intelectuales suele moverse entre la arrogancia despectiva y la solapada envidia. En cambio, los hombres de letras sufren a menudo de una especie de fascinación por los guerreros, que a menudo no son otra cosa que palurdos bien dotados para ejercer la violencia.

"Si mi pluma valiese tu pistola / de capitán, contento moriría", escribió nada menos que Antonio Machado. A Enrique Líster, el capitán dueño de la invaluable pistola, se le recordará, si se le recuerda, por estos versos enloquecidos. Cuando los escribió, el bueno de don Antonio, el gran Machado, no pensó en Lepanto, batalla célebre tanto por su magnitud como por la cantidad de capitanes renombrados que en ella participaron. Muchos guerreros amados por la fama y portadores de linajes impresionantes participaron en aquella batalla, pero el hombre más famoso que en ella combatió fue un soldado de bolsillos vacíos llamado Miguel de Cervantes, y a don Juan, el victorioso príncipe, jefe de la flota cristiana que apabulló a los musulmanes, es necesario adicionarle el "de Austria", pues don Juan a secas es el otro, el infatigable seductor creado por Tirso de Molina y recreado y rebautizado por José Zorrilla. A largo plazo, siempre vencen las letras, y mala cosa es la admiración desmedida por personas cuya habilidad mayor consiste en mandar prójimos al otro mundo.

A largo plazo, dije. Sucede que a corto y a mediano, las letras, los hombres que las representan, son atacados por una viral (que no viril) admiración por los hombres de armas y las acciones que éstos encabezan. Este Mal de Alzheimer espiritual es propio sobre todo del siglo XX, en el que han tenido lugar tres grandes epidemias.

La primera fue provocada por la revolución bolchevique. A pesar de su figura rechoncha y de su rostro vagamente satánico, Lenin se convirtió en sujeto de altar. De Rusia llegaban noticias aterradoras y tan absolutamente ciertas como la del aniquilamiento de la familia imperial; algunos de aquellos Románov eran sólo adolescentes, pero los barones del intelecto no estaban para príncipes rusos. Se suicidó Maiakowsky, luego Esenin, Bunin emigró, Pasternak dejó de escribir poesía y se dedicó a traducir a Shakespeare, Chagall se negó a regresar, Kandinky escapó, Ragmánivov y Stravinsky se fueron con su música a otra parte, y sólo se oía hablar de muerte, muerte y muerte. Por otra parte, Lenin era un hombre taimado y, al mismo tiempo, amante de la desfachatez; hubiese bastado con escuchar sus palabras. Pero, como diría luego Néstor Almendros, nadie escuchaba. Murió Lenin y, bajo Stalin, continuó la sordera, uno de cuyos más notorios practicantes fue el reverenciado poeta Pablo Neruda.

La segunda orgía sentimental tuvo como objeto de amor la República Española. La República murió, murió joven, y sus amantes casi enloquecen de furia y frustración. Su temprana muerte, que fatigó los lagrimales de los habitantes del mundo intelectual, aún le permite a algunos suponer que, de alcanzar la madurez, hubiese sido buena, algo que a mi me parece dudoso, dada la fuerte vocación por el asesinato que mostraron muchos de sus personajes, incluido Líster, el capitán a cuya pistola daba tanto valor Antonio Machado. Me pregunto cuántos "tiros de gracia" habrán salido del cañón de esa pistola tan alabada.

Veinte años después de morir la llorada República surge la Revolución Cubana, el proceso político más minuciosamente destructivo de los tiempos modernos. Sin embargo, en su momento, fue la novia ideal de millones, entre ellos una legión de escritores e intelectuales de todo tipo.

Los barbudos de la Sierra Maestra, imagen pública (y falseada) de la Revolución Cubana, eran pintorescos, folclóricos; no tanto como sus colegas mexicanos Villa, Zapata y compañía, pero no estaban mal. Sus jefes eran fotogénicos, y aunque no faltaban rostros patibularios que la vida pudo habernos ahorrado, como los de Raúl Castro, Efigenio Ameijeiras y Ramiro Valdez, formaban un conjunto agradable. Y, una vez más, surgió el amor. Fue el tercer gran idilio político-literario, y todo parece indicar que será el último. Amén.

La defensa de la Revolución Cubana copia los esquemas expuestos por Simone de Beauvoir en su novela Los mandarines: criticar a la revolución rusa era hacerle el juego al imperialismo y lo malo que se dijera de ella era, con toda seguridad, mentira o, en el mejor de los casos, exageración. La propia Beauvoir y su feo y famoso marido estuvieron entre los reincidentes. Los desplantes e intemperancias de que los hizo víctimas Fidel Castro y la feroz represión que ejercía contra sus opositores no afectaron el tozudo entusiasmo del matrimonio Sartre. Nunca hubo tanto crimen en Cuba ni tanta solidaridad con los criminales por parte de la intelectualidad internacional. No hay nada que hacer: cuando alguien necesita un varón fuerte a quien amar y disculpar, los razonamientos huelgan.

Si el efecto entre los de afuera, entre los que sólo eran visitantes y no estaban expuestos a la represión, fue de tal magnitud, cualquier sorpresa ante el sólido servilismo de la intelectualidad cubana carece de fundamento.

Teniendo en cuenta la débil religiosidad de la mayoría de los cubanos y lo poco extendida que estaba en Cuba la lectura de la Biblia, resulta sorprendente el arraigo que tiene entre nosotros la idea mesiánica. Sólo necesitábamos gobernantes hábiles y honestos, pero reclamábamos un Mesías, y cuando apareció Fidel Castro, la mayoría vio no la realidad, sino lo que quería ver. Los intelectuales, generalmente ignorantes y estúpidos cuando se trata de política, fueron tan ciegos como cabía esperar. Los que estaban en Cuba aplaudieron embelesados, los que vivían en el extranjero regresaron presurosos, y todos se pusieron a escribir, a componer, a pintar, a elaborar proyectos cinematográficos. "El justo tiempo humano ha comenzado", escribió Heberto Padilla, uno de los regresantes.

Creo que debo detenerme en eso de la estupidez. Como los escritores hacen algo que pocos pueden hacer, comunicar sus vivencias y sentimientos a través de la palabra escrita y lograr que otros se interesen en ellas, es natural que se les considere inteligentes. No es así, al menos, no es necesariamente así. El talento literario es un don de Dios, para los creyentes, o de la Naturaleza, para los que creyentes no son. Un don muy específico que consiste en hacer que otros lean lo que el escritor escribe. Claro que ha habido escritores inteligentes, pero también han existido otros tan brutos que me impiden, con su actuación, considerar al talento literario como una manifestación de la inteligencia. Edgard Allan Poe, Charles Baudelaire y Truman Capote se autodestruyeron por medio de las drogas y la bebida. Arthur Rimbaud vivió una vida loca que ya quisiera Ricky Martín para cantarla, que no para vivirla.

Fedor Dostoiyewsky gastaba todo lo que ganaba en la ruleta y Honoré de Balzac hacía algo peor, que en la ruleta casi siempre se pierde, pero a veces se gana: Balzac dilapidaba sus ganancias agasajando a ricos y aristócratas de los que ya nadie se acuerda. Wolfgan Goethe le hacía reverencias a cualquier noble que encontrara en su camino. Oscar Wilde no parecía tener idea sobre lo que era la sociedad victoriana, a pesar de que vivía en ella. Lev Tolstoy tuvo una vejez infernal y metió en el infierno a su mujer a causa de tonterías místicas. Herman Melville se convirtió en un ogro pleno de amargura que llevó a la desesperación a su familia porque se consideraba un fracasado debido a la poca venta que tuvo su inmortal Moby Dick.

Alejo Carpentier estropeó lo que quizás pudo ser una obra maestra agregándole un capítulo final "políticamente correcto" a su magnífica pero contrarrevolucionaria novela El Siglo de las Luces. Gabriel García Márquez, que ni siquiera es comunista, vive enterrado hasta el cuello en la porquería en aras de su amistad con un sujeto que no es amigo de nadie. Mario Vargas Llosa llama "mediocre" a George W. Bush, que le pasó por arriba al 80% por ciento de los medios de difusión americanos para ganar la Presidencia, mientras que él, el más famoso de los peruanos desde que existe el Perú, perdió unas elecciones contra un entonces desconocido ingeniero agrónomo de origen japonés. A todo eso yo le llamo ser estúpido.

Volvamos a 1959, al idilio. La Revolución, la Novia Ideal que nos traía el Justo Tiempo Humano, resultó ser una promiscua, vulgar, dilapidadora, poco aseada y perversa bruja, que parecía haber inspirado la letra del son Mentira, Salomé compuesto por Ignacio Piñeiro, que dice así:

"Mujer falaz, impostora de caricias.
Tu beso es virus que al alma envenena.
Mueve tus ansias un corazón de hiena
con las maldades que encierra la codicia".

La Revolución no tardó en mostrar las uñas, largas como las de su Máximo Lider. Como pretexto, porque pretexto fue, utilizo P.M., un documental de Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal acerca de la vida nocturna en La Habana, que no decía nada malo, pero tampoco bueno de la susodicha bruja. No decía nada. La ignoraba. En la pantalla aparecían sólo habaneros en parranda. Fidel Castro citó a los muchachos del intelecto en la Biblioteca Nacional y les leyó la cartilla: "Dentro de la Revolución, todo. Fuera de la Revolución, nada". Según el otro Cabrera Infante, el famoso, el Comandante en jefe, antes de poner los puntos sobre las íes, puso la pistola sobre la mesa desde la cual presidió la reunión. Muy simbólico.

El objetivo real no era la película, sino Lunes de Revolución, el suplemento literario de ese periódico dirigido por Guillermo Cabrera Infante, ya muy conocido en Cuba por sus crónicas cinematográficas en la revista Carteles y que llegaría a ser nuestro escritor más importante desde entonces hasta hoy. En Lunes escribían Heberto Padilla, también destinado a la fama, Calvert Casey, un cubano-americano que escribía en un español de gran belleza, Virgilio Piñera, icono literario de muchos, y otros que aprendieron la lección impartida en la Biblioteca Nacional y decidieron portarse bien sin siquiera saber por qué se habían portado mal.

Lunes de Revolución tuvo muchas cosas buenas y al menos una mala, la campaña contra Lezama Lima que encabezó Padilla; el corpulento Lezama, quizás debido a su corpulencia literaria, ha sido tomado repetidamente como blanco de diatribas más o menos absurdas. En fin, que Lunes desapareció, y con él, un programa de televisión que conducía Cabrera Infante.

Las siguientes víctimas pasaron casi inadvertidas: los dibujantes Chago Armada y Rafael Fornés, autores de unas tiras no precisamente cómicas. El muy joven Chago había sido miembro del llamado "Ejército Rebelde" y era el autor de Salomón. Fornés tenía más de cuarenta años y era un hombre contemplativo, talentoso y pesimista. Su tira tenía como personaje un extraño ser llamado Sabino. Ambos hacían eso que se conoce como "humor profundo". Tan profundo era que nunca pude verle el fondo. A mi eso no me preocupaba, pues el mundo está lleno de cosas que no entiendo, pero Fidel Castro ve la amenaza, la agresión y el desacato en todo aquello que escapa a su comprensión. Sabino y Salomón murieron jóvenes. Murieron, además, en silencio. Sólo los que trabajaban en el periódico Revolución, donde se produjo el nacimiento y la muerte de ambos personajes, supieron que Fidel Castro había decretado su desaparición.

"El pecado de los escritores cubanos es no ser lo suficientemente revolucionarios", dijo el Che Guevara. Lo que digo yo, que sé de eso mucho más de lo que él sabía, es que el único pecado de un escritor, en tanto que escritor, es escribir mal. Claro, aquel devoto de la humillación y el asesinato utilizaba para su homilía la total abstención de los escritores en la lucha contra Batista. Además, los hombres adictos a la violencia tienden a despreciar a todo aquel que no se atreva a plantarles cara.

Pueden odiar, y odian, a los que se les enfrentan; pero no los desprecian. Por otra parte, los sujetos agresivos, como los perros (dicho sea sin ánimo de ofender a esos animales, uno de los cuales es muy amado por mi), aumentan su agresividad cuando perciben el miedo en los otros. En ciertas circunstancias, el coraje ayuda a conservar la salud.

Pero los escritores, los intelectuales en general, aceptaban y aplaudían, aplaudían
y aceptaban todo lo que viniera de los Salvadores de la Patria. Parece una actitud prudente, pero no lo es. La prudencia nunca destruye, y esos hombres, que tanto creyeron practicarla, están hoy destruidos.

Además de la sumisión, que aumenta la agresividad de los violentos, hay otros factores que han servido a los intereses del régimen: la vanidad, la inseguridad, la falta de comprensión de lo que es la literatura, detalle al parecer extraño, pero común en muchos que pretenden ser literatos. Ser escritor consiste en escribir bien, y sólo hay dos categorías de escritores, los buenos y los muy buenos; no hay espacio para la mediocridad. La meta no es publicar, es escribir por lo menos bien, por lo que carece de sentido prostituirse para ser publicado, ya que todos los buenos manuscritos, todos, terminan, tarde o temprano, convertidos en libros. Quizás esta idea es demasiada complicada para el cerebro de esa gente; ya les dije que muchos de ellos son bastante brutos.

Hay otro factor, por demás sorprendente, que le ha servido a la tiranía: el homosexualismo. ¿Por qué sorprendente? En todas las épocas, en todos los ámbitos, en todas las profesiones ha habido y habrá homosexuales. La sorpresa está en la cantidad y en el contraste con la intelectualidad de épocas anteriores. Ni uno solo de los escritores que he mencionado hasta llegar a 1959 fue homosexual, con la posible excepción de Lezama. Tampoco otros (José Jacinto Milanés, Joaquín Lorenzo Luaces, Carlos Loveira, Miguel de Carrión, Mariano Brull) a quienes no me he referido porque no participaron en contiendas políticas, y de la relación entre política y literatura se trata este trabajo.

Pues bien, en los años 50' el homosexualismo se manifiesta de manera creciente y el fenómeno llega s su climáx precisamente bajo la tiranía de Fidel Castro. Virgilio Piñera, José Triana, Pablo Armando Fernández, Miguel Barnet, Reynaldo González, Antón Arrufat, Calvert Casey, Reynaldo Arenas: muchas diferencias hay entre ellos, y la diferente calidad literaria no es la menos importante, pero todos son notorios homosexuales. Lo mismo se ha dicho de Lezama Lima, pero yo tengo mis dudas al respecto. El estudio de este asunto es cosa de psiquiatras y sociólogos. A mi sólo me interesa y sólo estoy capacitado para analizar el uso que le ha dado Fidel Castro

A Fidel Castro se le acusa de perseguir a los homosexuales. En realidad, persigue a todo el que se le oponga: homosexuales, heterosexuales, bisexuales y asexuales. Teniendo en cuenta el carácter fuertemente machista de la sociedad cubana, el hecho de que un opositor sea homosexual le facilita reprimir cuando quiere hacerlo. Pero no siempre quiere: Alfredo Guevara ha sido durante décadas el Señor del Cine, tan importante como medio de propaganda; Reynaldo González fue el editor de las Obras Completas de Carlos Rafael Rodríguez (debe haber trabajado como un buey, el pobre, porque Carlos Rafael escribía muy mal); Pablo Armando Fernández y Miguel Barnet son vacas sagradas de la cultura oficial (por cierto, Barnet tiene un aspecto sumamente vacuno), y ambos, junto con Antón Arrufat, han recibido el Premio Nacional de Literatura.¿Se imaginan ustedes a intelectuales judíos ocupando esas posiciones, recibiendo esos galardones en la Alemania de Hitler? Aquello sí era persecución

Debo hablar de mí mismo. A principios de los 70', cuando comprendí que sólo sé escribir de una manera y esa manera podía llevarme a la cárcel, cerré hasta nuevo aviso por motivos familiares. Fue muy duro para mí, porque escribir es lo que me gusta hacer; más aún, lo único que sé hacer. Sin embargo, durante aquellos años perdidos, que abarcaron casi dos décadas y casi toda mi juventud, Humberto Solás dirigía películas, José Antonio Rodríguez, Adolfo Llauradó, Miguel Navarro y Vicente Revueltas actuaban en ellas, Carlos Ruiz de la Tejera pintaba gracias en la televisión, Mendive y Cabrera Moreno pintaban cuadros en sus estudios, Bola de Nieve viajaba por el mundo, regresaba a Cuba con el dinero ganado y, al morir, Fidel Castro enviaba una corona a su funeral. Todos estos bienaventurados eran homosexuales conocidos y reconocidos.

Está el caso de Reynaldo Arenas. Si, muy perseguido, pero, ¿cuándo? En los 60', mientras tantos penaban en la UMAP, Arenas disfrutaba de un "nido de amor" junto con Raúl Martínez (el pintor, no el ex alcalde de Hialeah) en un edificio aledaño a la Casa de las Américas y propiedad de esa institución, entonces dirigida por Haydée Santamaría. ¿Por qué se le persiguió después? ¿Por homosexual? No. Por haber enviado al exterior su novela El mundo alucinante, más bien por hacerlo sin permiso y por negarse a escribir eso que llaman "realismo socialista". El homosexualismo fue el pretexto.

Paradójicamente, mientras tantos escritores "machos" se prestaban a servir a la tiranía, mientras Lisandro Otero, Norberto Fuentes, Roberto Fernández Retamar, Jesús Diáz y otros se convertían en prostitutas literarias, Virgilio Piñera y Reynaldo Arenas, homosexuales de vida sórdida, se negaron a prostituir su talento. Los únicos que tuvieron eso que llaman un comportamiento varonil, literariamente hablando, fueron Lezama, a quienes algunos tachan de homosexual, y Piñera y Arenas, cuya homosexualidad está más allá de toda duda.

Mientras el país era tragado por el totalitarismo, la única protesta que se permitieron algunos fue marcharse. Pocos se marcharon: los veteranos Lidia Cabrera, Mañach, Baquero, Novas Calvo, Montenegro, Labrador Ruiz, Buesa; los entonces noveles Cabrera Infante, Calvert Casey y Severo Sarduy, el cineasta Néstor Almendros.

Cabrera Infante y Almendros, triunfaron. El primero llegaría a ser lo que yo esperaba de él cuando leía aquellas críticas que firmaba G. Caín. No así Calvert Casey; el cubano de nombre irlandés nacido en Baltimore, el que me había fascinado con su prosa en El Regreso, se suicidó a los pocos años de salir al exilio.

Los demás, los que se quedaban para aplaudir y apoyar, una mayoría abrumadora en número, exigua en talento, se agotaban en la búsqueda de lo positivo, lo optimista, lo "revolucionario", tratando desesperadamente de complacer al Che Guevara (lo cual era difícil) y a Fidel Castro (totalmente imposible). Ello produjo unos niveles de abyección que me resulta difícil exponer. Sin embargo, lo intentaré. ¿Recuerdan a Plácido y a Zenea, los escritores fusilados? Cien años después de Zenea tuvimos a Norberto Fuentes, el escritor fusilador. Según cuenta en su libro Cazabandidos, participó en el fusilamiento de un alzado cuando era corresponsal de guerra en el Escambray.

En 1967 se produciría un acontecimiento que tardaría dos décadas en repetirse. Poco tiempo después de haber asumido Norberto Fuentes el papel de esbirro, un escritor, el poeta Angel Cuadras, rompe con el abstencionismo de unos y la sumisión de los otros y es condenado a prisión por actividades contrarrevolucionarias. Otros poetas hubo por entonces en las cárceles de la tiranía, pero Jorge Valls, Ernesto Díaz Rodríguez, Armando Valladares y René Ariza, a diferencia de Cuadras, no habían publicado nada antes de ir a prisión. No era aún escritores. En cambio, el documentalista Nicolás Guillén Landrían, Nicolasito, sobrino del poeta del mismo nombre, si había dado todo lo que iba a dar antes de ser encarcelado; de la cárcel saldría y al exilio llegó hecho un guiñapo.

Mientras en la Cuba de los 60' se desataba la represión más feroz que ha conocido el país y medio mundo aplaudía "los logros de la Revolución y el desafío al cercano monstruo imperialista", la intelectualidad cubana, convertida en coro de castrati (aquellos niños de tiempos por fortuna idos a los que se castraba para conservar sus voces agudas) cantaba las glorias de Fidel Castro. Un grupo de jóvenes académicos fundó la revista Pensamiento Crítico e intento, tímidamente, hacer honor a tal nombre con una especie de marxismo heterodoxo, sin traspasar los límites impuestos tiempo atrás en la Biblioteca Nacional. El experimento duró algunos años; no muchos.

Por esa época comenzó su carrera un joven y escuálido trovador que aparentaba ser rebelde y a quien algunos llaman poeta; con el tiempo, Silvio Rodríguez demostró algo ya demostrado: las apariencias engañan. El Caimán Barbudo, revista de temas culturales nacida poco después que Pensamiento Crítico y de vida mucho más prolongada, resultó ser una iguana, animal de aspecto impresionante, pero muy asustadizo. Las diferencias entre El Caimán... y Lunes... están personificadas en sus respectivos directores, Jesús Díaz y Guillermo Cabrera Infante, la mediocridad agresiva y el talento.

Angel Cuadras fue a la cárcel no tanto por sus poemas como por sus hechos. En 1968 aparece, por fin, una obra abiertamente crítica: Heberto Padilla, hasta ese momento un poeta-funcionario del régimen, decide tomar el áspero camino de la disidencia y escribe Fuera de Juego. Talentoso, ampliamente conocido, Padilla parecía camino de convertirse en la versión criolla de Alexander Solzhenitzin. El libro fue premiado en el concurso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) por un jurado que presidió Lezama, al parecer poco dado al rencor, y del que fue parte Manuel Díaz Martínez, un poeta que luego tuvo una azarosa trayectoria. También recibió premio Los Siete contra Tebas, de Antón Arrufat, obra teatral que adaptaba una tragedia griega al ámbito cubano. Los voceros de la cultura oficial atacaron con furia ambas obras. Arrufat se encuevó, dispuesto a esperar tiempos mejores, que al cabo llegarían para él. Padilla, en cambio, se instaló en el Olimpo de los Valientes, un lugar elevado, pero frío e inhóspito; una verdadera cumbre borrascosa.

Tres años después, cuando las borrascas arreciaron, Padilla se derrumbó. Hombre con fama de erudito, padecía, sin embargo, de una laguna cultural. Ignoraba una frase de Sócrates que es todo un tratado de filosofía: "Conócete a ti mismo".

Heberto Padilla no estaba hecho para lo que intentó hacer. Y lo peor era que ellos, que nos conocen a todos porque se han tomado el trabajo de estudiarnos, lo sabían. A partir de su derrumbe y de los mea culpa entonados por aquellos a los que acusó en el patio de la UNEAC aquella aciaga noche (con la inevitable excepción del poderoso Lezama, que ni se dio por enterado), la intelectualidad cubana refuerza su ya sólido servilismo y así continuará hasta 1991, con la pequeña brecha provocada por la llamada Carta de los Diez.

Antes, a principio de los 80', muchos años después del ingreso en prisión de Angel Cuadras, otros tres escritores fueron a dar a la cárcel: el ya veterano narrador José Lorenzó Fuentes, involucrado en una oscura trama con un diplomático, la poetisa Lina de Feria, de cuyo encarcelamiento ignoro las razones, y los entonces noveles

Reynaldo Bragado y Rafael Saumell, que no habían tenido la oportunidad de alcanzar renombre alguno debido a su incapacidad para mantener sus manuscritos inéditos fuera del alcance de la Seguridad, y que estarían entre los primeros escritores que formarían parte del Comité Cubano pro-Derechos Humanos, junto a la poetisa Tania Díaz Castro, una mujer que dejó buenos, agradecidos recuerdos en los miembros del Comité, pero que sufrió un proceso de derrumbe parecido al de Padilla, con acusaciones y auto-acusaciones.

Algo así como un paréntesis para Reynaldo Arenas, que nunca fue un opositor en Cuba, pero sí un sujeto imposible de manipular, al que se le montó una implacable persecución con el pretexto del homosexualismo. La estampida de El Mariel lo trajo al exilio, y aquí se dedicó a pasarle la cuenta a sus perseguidores. Entre las cosas de mi vida que hubieran podido ser y no fueron está el haber coincidido con él aquí.

Teniendo cuenta su carácter y el mío, las muchas cosas que nos separaban, la extrema violencia presente en el football americano y el hecho de ambos fuésemos holguineros, creo que nuestro encuentro hubiese pasado a la historia como el Holguín Bowl.

Otro, más breve, para Guillermo Rosales, tan talentoso como Arenas. En circunstancias normales, no ideales, simplemente normales, corrientes, algo así como la Cuba de antes, estoy seguro de que hubiese llegado a la grandeza. Lo mismo esperé de Calvert Casey, pero, como Calvert, su espíritu estaba ya gravemente quebrantado cuando llegó al exilio; como él, se suicidó. "No pobre Calvert. Pobres los que no lo conocieron", escribió Cabrera Infante. Tenía razón. Al menos, a Guillermo Rosales lo conocí.

En 1990, María Elena Cruz Varela, Premio UNEAC de Poesía como Padilla, se unió a un recién creado grupo de análisis político fundado por José Luis Pujol, ex profesor de Lingüística que escribía cartas furibundas al Partido Comunista bajo el rubro de Criterio Alternativo, nombre que adoptó el grupo, y el que les habla, autor de Los niños y el tigre, una diatriba contra Fidel Castro publicada en México el año anterior.

En Criterio Alternativo surgió la idea de redactar una carta de peticiones y ponerla a la firma de los intelectuales. La carta no podía ser más moderada, aunque incluía un reclamo importante e ineludible, que era la liberación de los presos políticos; pero solamente obtuvo diez firmas. En realidad seis, pues cuatro eran de miembros de Criterio Alternativo: el periodista radial Víctor Serpa, el crítico Fernándo Velásquez, María Elena Cruz y yo. De los miembros de la UNEAC sólo firmaron los poetas Raúl Rivero y Manuel Díaz Martínez, los novelistas Manuel Granados y José Lorenzo Fuentes, Bernardo Marqués Ravelo, de la redacción de El Caimán Barbudo y su esposa, la también periodista Nancy Estrada. Diez firmas. Solamente diez. Pero el exiguo número de firmantes no impidió que a Fidel Castro le diera una rabieta descomunal y ordenara montar una campaña de condena pública, orden que la UNEAC cumplió a cabalidad redactando un documento de denuncia de lo que llamó "una operación enemiga" y recabando la firma de sus miembros. Esta vez los firmantes fueron cientos.

"La mayoría de ustedes no tienen ni tendrán significación alguna en la cultura de nuestro país, pero ni siquiera el talento de aquellos pocos que lo poseen podrá borrar la ignominia de haber puesto sus firmas al pie de ese documento infame". Eso dije entonces en una carta que le dirigí a las ovejas del corral de la UNEAC. Quiero repetirlo ahora.

De los firmantes de la famosa carta fueron a la cárcel Maria Elena Cruz y Fernando Velásquez. Fueron encarcelados, no por la carta en sí, sino por el hábil trabajo de Jorge Pomar, un infiltrado en Criterio Alternativo, trabajo desarrollado cuando Pujol y yo ya no éramos parte del grupo. Al salir de la prisión, ambos marcharon al exilio. Los demás nos marchamos antes, menos Raúl Rivero, que dos años después de eso que yo llamo "la cartica" comenzó una actividad periodística que lo llevaría también a la cárcel y al exilio, y Manuel Granados, el mayor talento de la intelectualidad negra, que ni escribió contra el régimen ni fue encarcelado ni se exilió; simplemente murió, en el olvido y la oscuridad. Otro poeta, Manuel Vázquez Portal, desconocido cuando lo de la carta, siguió los pasos de Rivero en el periodismo independiente, la prisión y el exilio, así como Armando de Armas, joven cuentista de Cienfuegos.

Debo señalar que esta rebelión de la intelectualidad iniciada por la Carta de los Diez, exigua por su número, tuvo lugar cuando la tiranía llevaba más de treinta años en el poder. Treinta años de asesinatos, de encarcelamientos, de represiones preventivas como la de la UMAP, de masivas y públicas exhibiciones de crueldad como los "actos de repudio" cuando El Mariel, de destrucción económica, moral y espiritual de la nación no habían logrado conmover el sólido servilismo de los intelectuales cubanos. Aún hoy siguen apoyando y aplaudiendo todo lo que se les pide que aplaudan y apoyen.

Los que emigramos en los 80' y los 90' seguíamos los pasos dados por otros treinta años antes. Y por la misma senda crítica de Cabrera Infante, de los ensayistas Luis Aguilar León y Carlos Alberto Montaner, del multifacético Manuel Márquez-Sterling.

Pero hubo una emigración distinta. A diferencia de los que rompían con su pasado para enfrentarse al régimen, otros emigraron sin romper sus lazos con él: Lisandro Otero, Eliseo Alberto Diego, Jesús Diaz, Antonio Benitez Rojo, Norberto Fuentes, Abilio Estévez. Desde la defensa de la tiranía, abierta en Otero, solapada en Fuentes, hasta el caminar sobre la cerca de Jesús Díaz, quien declaró que no era disidente (una gran verdad) o el absoluto silencio de Benítez Rojo, agazapado en un college de New York.; las variantes incluyen siempre la ausencia de enfrentamiento. Después de todo, un colofón natural a lo que fueron sus vidas. La excepción ha sido Zoé Valdés, que ha puesto su fama al servicio de la lucha anti-castrista.

¿Cuál ha sido la causa fundamental del despreciable comportamiento de la intelectualidad cubana durante esta larga pesadilla nacional? Ya he hablado de la estupidez que afecta a muchos escritores, de su fascinación por los hombres violentos. Otros prefieren hablar de cobardía. Muchos de ellos, la mayoría absoluta, son cobardes, es cierto; pero hay algo más. Y ese algo está personificado en Virgilio Piñera.

Nadie más cobarde que Virgilio. Sin embargo, cuando Fidel Castro les dijo claramente a los escritores lo que quería en la reunión de la Biblioteca Nacional, aquello de "dentro de la Revolución, todo; fuera de la Revolución, nada", el cobarde Virgilio pidió la palabra, fue hasta mesa donde reposaba la pistola del iracundo Máximo Líder, tomó el micrófono y, con un hilo de voz, dijo:

- Tengo miedo.

Fidel Castro no se inmutó, pero la furia interior debe haber sido de las grandes, así como su comprensión de que aquel feo y escuálido hombrecito era potencialmente peligroso.

¿Por qué no se largó, como hicieron Cabrera Infante, Calvert Casey y otros que allí estaban? Oportunidades tuvo. No las aprovechó. El único motivo que se me ocurre es la falta de inteligencia extra-literaria, tan común entre los del gremio y a la que ya me he referido. Pocas luces hay que tener para estar en Bélgica, regresar a Cuba y, al llegar, plantarle un beso a la tierra de la Patria, en realidad, al asfalto del aeropuerto.

Eso hizo el pobre Virgilio.

Le pasaron la cuenta. ¿Por ser homosexual? No lo era más que otros, que el dirigente Alfredo Guevara. Le pasaron la cuenta por las dos palabras que dijo aquella vez y por negarse a escribir lo que ellos querían que escribiera. Y mucho partido que le sacaron a su cobardía, a su miedo a la violencia física. Los de la Seguridad lo visitaban con frecuencia, lo amenazaban, lo insultaban. Dicen que Virgilio, aterrado, se arrodillaba, lloraba, pedía perdón, prometía enmienda. Luego, cuando los esbirros se marchaban, se secaba las lágrimas, se sonaba la nariz... y seguía escribiendo lo que le daba la gana. ¿Contra el régimen? No. Simplemente lo que le daba la gana.

Cuando se vive en un mundo peligroso, y nada tan peligroso como un estado totalitario, la valentía es una cualidad muy útil. Si se quiere ser íntegro, muy bueno es ser valiente. Pero se puede ser íntegro sin valentía, siempre que se ame la profesión, que se la respete. Virgilio Piñera, el asustadizo Virgilio, fue un escritor íntegro.

Como todos saben, a los homosexuales en Cuba se les llama de muchas maneras, todas ellas despectivas, con nombres tomados casi siempre del reino animal. Una de ellas, "pájaro". El "pájaro" Virgilio Piñera, por su integridad profesional, tan poco común entre los intelectuales cubanos de las últimas décadas, era una rara avis, que en latín significa "ave rara".

Lo bueno para la justicia, lo malo para los intelectuales oficialistas es que la sumisión, aparte de afectar la calidad que quizás algunos hubiesen logrado, no los ha hecho felices. Poco antes de salir de Cuba, un diplomático español me dijo que había hablado hacía poco con Pablo Armando Fernández y que le había parecido "desesperado".

- Que se suicide-contesté, implacable- Maiakowsky y Esenin se suicidaron. ¿Quién es él para no suicidarse?

Una muy buena definición del destino literario de esta gente está en el reverso de un epitafio adelantado que alguien compuso para el corpulento trovador Pedro Luis Ferrer, magnífico cantante, guitarrista y compositor que interpretó mal aquello de "dentro de la Revolución, todo", y cuyas actitudes contestatarias "dentro de la Revolución" le han acarreado múltiples problemas. Dice así:

"Murió Pedro Luis Ferrer.
Murió gordo como un cerdo.
Y, como tenía que ser,
murió de no estar de acuerdo"

Los escritores serviles a la voluntad de la tiranía no tienen futuro, ni en vida ni después de muertos. Siempre estuvieron de acuerdo.

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* Roberto Luque Escalona, escritor y ex periodista opositor cubano autor de varias obras entre ellas el libro "Fidel y el juicio de la Historia", fue miembro del grupo contestatario Criterio Alternativo dentro de la Isla y sufrió arrestos y represión hasta salir al exilio.


¿Es la libertad un derecho para los cubanos?

Manuel Cereijo, El Nuevo Herald, 14 de diciembre de 2005.

Existe el concepto mítico de que sólo los norteamericanos y europeos aman la libertad, y que otros pueblos no. Que la libertad de los americanos y europeos es producto de su cultura. Que la libertad, la democracia, los derechos humanos y el estado de derecho y las leyes son valores sólo para ciertos países... Sin embargo, éstos son valores intrínsecos del espíritu humano. Dondequiera que el ser humano tiene el derecho a decidir, a escoger, la decisión es la misma: libertad, no tiranía, democracia, no dictadura, el estado de las leyes, no de la policía secreta y represiva. La libertad es un regalo de Dios a la humanidad. Y lo es también, claro está, para Cuba.

Por muchos años, el concepto de si la libertad es un derecho para los cubanos fue relegado a discusiones menores tanto en Europa como en Estados Unidos y América Latina. Pudo ser un debate fascinante como tesis académica, pero sus conclusiones no afectaron nuestras vidas ni nuestro futuro. Y ya han pasado 47 años de un país sin elecciones, de un país oprimido, de un país terrorista.

Y llegó el 11 de septiembre. De repente, la naturaleza de una sociedad no democrática en Cuba, de una prensa dominada y controlada propagandísticamente por el gobierno cubano, una enseñanza y un adoctrinamiento totales a un pueblo, un gobierno con actividades terroristas y subversivas, un gobierno que desde 1965 organizó el terrorismo internacional debieron ser relevantes para la seguridad internacional y la paz. ¿Pero lo son? No.

Por muchos años, 47, Cuba ha sido vista por el mundo civilizado como un bastión de despotismo que no podía, no debía y no sería cambiada por el momento. Lo que era, y es todavía importante en este país opresor y brutal, de acuerdo a los europeos y los norteamericanos, es mantener la ''estabilidad''. Esta estabilidad puede conseguirse, según estos gobiernos, tratando siempre de buscar algún tipo de arreglo con el régimen de Castro.

La guerra contra el terrorismo no fue conceptuada sólo como una guerra contra Al Qaida. El objetivo declarado sobre la guerra fue más amplio: neutralizar la amenaza que presenta el terrorismo para la seguridad del mundo libre. La guerra terminará, declaró el presidente Bush, sólo cuando ``todo grupo terrorista de alcance global, y todo país terrorista, haya sido encontrado, paralizado, y derrotado''.

Para alcanzar este objetivo, ¿es necesaria la instauración de una sociedad libre en Cuba? Debía serlo. El que el pueblo cubano alcance su libertad es un elemento clave para ganar la guerra contra el terrorismo. Debemos acabar con los gobiernos terroristas. Los regímenes que apoyen al terrorismo deben ser abolidos. Ciertamente Cuba es uno de ellos. No se debe permitir que el régimen cubano provea fondos, armas, entrenamiento, apoyo diplomático e ideológico y todo tipo de ayuda a grupos terroristas.

Todos los regímenes que les den apoyo a estos grupos terroristas, como el gobierno de Cuba, deben ser abolidos y se debe establecer en esos países gobiernos democráticos. No es derrocar a Castro y permitir que sea reemplazado por otro tirano. Es reemplazar la tiranía brutal de Castro con una sociedad libre. Libertad y democracia son dos elementos básicos para derrotar el terrorismo, porque las naciones libres, donde se respetan los derechos humanos, podrán vencer el odio y la ideología de la muerte.

Si la tiranía de Cuba fuera transformada en una sociedad genuinamente democrática, el mundo sería más seguro. Toda América Latina alcanzaría estabilidad, libertad y prosperidad. Castro ha sido el foco, el centro del terrorismo no sólo en Africa, sino en toda América Latina.

¿Desean los cubanos libertad? Claro que sí. ¿No está Cuba preparada para una democracia? Cuba sí lo está. Si al pueblo cubano se le da a escoger, todo el pueblo prefiere una sociedad libre y no una sociedad oprimida. La libertad es un derecho inalienable del pueblo cubano. Estados Unidos y América Latina estarán más seguros con una Cuba democrática. Los grupos terroristas, amparados por la Cuba de hoy, se verían sin apoyo. ¿Es la libertad un derecho para los cubanos? Sí lo es. Y el mundo estaría más seguro.

Ingeniero cubano, profesor universitario.


A propósito de "La Patria es de Todos"
Por Andres Crabb

Hace ya más de un año, fueron encarcelados Vladimiro Roca, Martha Beatriz Roque, René Gómez Manzano y Félix Bonne, miembros todos del Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna.

Según afirmó en su momento el actual gobierno cubano "sus fines declarados y evidentes son la destrucción del Estado Socialista Cubano y la imposición en nuestro país de un sistema neocolonial capitalista". Por tal motivo, el 16 de julio de 1997 fueron detenidos bajo el delito de "propaganda enemiga". Más de 490 días después sin juicio, los cargos sufren una espectacular metamorfosis y ahora son acusados de "sedición y otros cargos contra la seguridad del Estado.

Amargo debe haberle resultado al gobierno cubano, en la cercanía inmediata del 26 de julio, un documento de la talla de "La Patria es de Todos". La Historia de Cuba se encargará de juzgar serenamente acerca de su importancia. Yo, a riesgo de equivocarme, me atrevo a compararlo, en cierto sentido, con "La Historia me Absolverá", alegato escrito por el actual tirano de la Isla y con el cual trató de justificar teóricamente en su momento el fallido asalto al cuartel Moncada de Santiago de Cuba en la madrugada del 26 de julio de 1953.

Muchos son los que afirman que el gobierno de Fidel Castro se ha convertido en reo de sus propios prisioneros. ¿Cómo condenarlos si el delito de sedición (según el propio código penal cubano) implica un alzamiento violento contra las autoridades sin llegar a la gravedad de la rebelión? ¿Dónde estuvo la violencia de estas cuatro personas como no fuera en la demoledora fuerza de su manifiesto?. Sin duda la tiranía de Castro no tiene argumentos válidos para la opinión pública mundial que permitan condenarlos.

Absolverlos es también un escándalo, pues ¿cómo justificar entonces los más de 490 días que estos acusados han estado en prisión, sin juicio, negándosele un recurso de habeas corpus que merecían según la constitución vigente? Esto sería una inobjetable muestra de la falta de garantías jurídicas y procesales con las cuales, entre otras, el actual gobierno cubano trata de amordazar el cada vez más pujante movimiento opositor cubano.

Curiosamente, a pesar de las faltas de garantías ciudadanas que supuestamente existían bajo el gobierno de Fulgencio Batista y después de haber matado a un grupo considerable de soldados del ejército, F. Castro tuvo derecho a un juicio justo y fue puesto en libertad cuando sólo habían cumplido él y sus seguidores una fracción pequeña de la condena impuesta.

A tales cosas parecen no tener derecho los miembros del Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna, cuya única falta parece haber sido la redacción de un documento que pone en claro de manera lúcida la mediocridad, corrupción e incapacidad del actual gobierno en la Isla.

Casi un año y medio después conserva su vigencia y constituye un punto de partida en el largo camino que deberá recorrer la sociedad cubana en la recuperación de sus valores éticos y espirituales, tan enajenados por la doble moral y otras suertes de vicios impuestos por los estilos represivos de la actual cúpula gobernante en Cuba.

Desde que se hizo público el documento y después del encarcelamiento de sus autores, ha habido una notable y siempre creciente solidaridad con los mismos. Sin embargo, como ocurre con muchos aspectos de la aislada y surrealista realidad cubana, es frecuente oír voces para las que la incompetencia del gobierno, la represión en Cuba y la ausencia de libertades individuales aun son cosas ficción. Tal vez las más recientes y conocidas sean las del Premio Nobel Saramago, la de Manuel Fraga Iribarne, el más importante símbolo vivo la derecha española y por qué no el actual ministro de relaciones exteriores de España, Abel Matutes, quien en su reciente visita a La Habana estaba más preocupado por no enfurecer al tirano que de brindar algún alivio a los firmantes de La Patria es de Todos y a otros disidentes cubanos.

¿Cómo puede esto ocurrir? Creo que en muchos casos, tales personas actúan de mala fe, habida cuenta de que su "solidaridad" con el gobierno de La Habana favorece sus posiciones políticas y/o económicas. Lo curioso del asunto es que bajo un mismo techo conviven en sus loas al tirano isleño personalidades de izquierda, de centro y reconocidos barones de la derecha mundial.

Las razones son disímiles. Muchos intelectuales y políticos de izquierda llevan décadas alabando a la Revolución Cubana. Perdieron de vista que aquel movimiento insurgente perdió ya toda la lozanía que alguna vez tuvo. Estas personas no quieren distinguir entre amanecer y crepúsculo, pues sería equivalente a admitir que se han

equivocado, que sus sueños de adolescente ( y todos tenemos UNA SOLA adolescencia) no han dejado rastros visibles, que todo su discurso político perdió su última confirmación experimental. Como bien escribió Jesús Díaz hace poco (El País, viernes 13 de noviembre de 1998): "Estos izquierdistas están ciegos de nostalgia y carecen del coraje moral como para decir abiertamente: "Bien, me equivoqué, y ahora lo reconozco y denuncio que Castro es un dictador tan deleznable como lo fueron Franco o Salazar, aunque eso me obligue a revisar críticamente parte de mi propio pasado".

Los políticos de derecha tiene sin dudas otras motivaciones. Presionados por los círculos de poder, pretenden garantizarles una privilegiada participación en el festín de ventas del patrimonio cubano que el gobierno de Castro está desarrollando para sostenerse en el poder. Y el precio por una posición preferencial en el banquete es tener oídos sordos frente a las constantes denuncias de violaciones de los derechos humanos en la Isla. Lo vergonzoso de todos estos señores es que disfrutan de libertades democráticas en sus países de origen. Es muy fácil ser comunista (o simpatizante) en la distancia, "siempre al alcance de la nevera y el comedor", como escribiera Silvio Rodríguez en sus años dignos.

No obstante, creo firmemente que existen otras personas que precisan que ciertas sutiles (pero no intrascendentes) facetas de la realidad de la Isla sean explicadas con lujo de detalles. Es muy difícil percibir la angustia del pueblo cubano desde las refrigeradas ventanillas de un ómnibus de turismo. Alguien escribió hace poco, que si F. Kafka hubiese nacido en Cuba en la época actual, no hubiese sido un escritor del absurdo, sino un mero escritor costumbrista. Lo terrible de este absurdo es que hace sufrir a millones de personas. Ese sufrimiento a veces es bien incomprendido. A esas personas va dirigido este trabajo. No pretendo escribir las Tablas de la Ley, pero viví en Cuba durante muchos años, fui profesor universitario durante casi dos décadas y creo conocer a fondo la realidad cubana. El lector enterado juzgará.

Lo que más llama la atención en el estilo del discurso oficial cubano es su recursiva, pedante y ubicua necesidad de autolegitimarse. Según ellos, son los herederos "de las más ricas tradiciones de lucha de nuestro pueblo", "de la gesta que comenzó en la Demajagua", "de todos aquellos que regaron con su sangre generosa el camino de la definitiva libertad", etc. No importa si se trata del Informe del V Pleno de Comite Central del PCC, del Informe al V Congreso del Partido (documentos sobre los que volveremos a lo largo de este trabajo) o de una simple (pero reiterada hasta el delirio) propaganda televisiva o radial, el mensaje siempre es el mismo: una unilateral e inobjetable (según ellos) visión de la Historia de Cuba.

¿Por qué el gobierno cubano necesita esto? La razón más importante es que no le ha brindado a la nación cubana ningún valor auténticamente trascendente. Mientras existió el campo socialista de Europa del Este y la astronómica subvención que del mismo provenía, los sistemas educacionales y de salud cubanos vivieron su mejor época. Sus éxitos fueron etiquetados por la propaganda oficial como "las conquistas de la Revolución". No obstante, el derrumbe del socialismo real puso de manifiesto la debilidad estructural de tales "conquistas", mostrando un sistema de salud cada vez mas precario y unos planes educativos que no son ni la sombra de lo que otrora fueron. Una muestra de la frustración inconfesada del gobierno por el deterioro
de sus logros es su estridente propaganda acerca de los bajos ( y muy dudosos) índices de mortalidad infantil y materno infantil que se ubican en zonas geográficas cada vez más desposeídas de la Isla. Estos índices, lejos de enorgullecer al gobierno, deberían de avergonzarlo, pues ¿por qué no fueron alcanzados en la "época de oro", en que había muchos más recursos para el sistema de salud? ¿Con qué cuenta el actual ministro de salud C. Dotres, que no tuvieron sus predecesores, como no sea con una comunidad médica famélica y agobiada por la crisis, que sólo puede recetar remedios elaborados con hierbas silvestres? ¿Por qué entonces AHORA se alcanzan estos éxitos?

En lo que respecta a la enseñanza la situación es similar. Los resultados obtenidos por los alumnos de preuniversitario en los exámenes de ingreso a la Educación Superior (es decir a las universidades) muestran las fallas crecientes del sistema educativo. A todo esto debe agregarse el desinterés por parte de los jóvenes en ingresar a las universidades, habida cuenta que un titulo universitario no constituye el punto de partida de un status de vida acomodado en la sociedad cubana actual. Es preferible ser mucama o botones en un hotel para turistas o prostituta.

A pesar de todo lo anterior, el actual ministro de educación cubano L.Gómez (conocido por sus subordinados como "Mínimo" Gómez por su incompetencia) no se cansa de alabar los constantes éxitos de la educación cubana. ¿Con qué cuenta este señor, como no sea con una comunidad académica angustiada por la crisis, cuyos profesores en su mayoría necesitan de fuentes de ingreso alternativas al salario para poder completar el presupuesto familiar y que en ocasiones no tiene ni el papel suficiente para tomarle examen a sus alumnos?

Hace algún tiempo, cuando ya se avizoraba la actual debacle cubana, un colega me dijo: "las verdaderas conquistas de la Revolución no son su sistema de salud y su sistema educativo, sino haber promovido la idea en la conciencia colectiva de la nación cubana, de que tales cosas son derechos inalienables del ser humano". Creo hoy, que aun ese modesto objetivo se ha perdido, pues hace ya bastante tiempo que el pueblo cubano tiene que convivir con un hospital como CIMEQ que sólo atiende a dirigentes, favoritos del gobierno y extranjeros, o con un hospital como

Cira Garcia que sólo atiende a sus clientes previo pago en dólares, o con una farmacia como la situada frente a este último hospital, donde sólo se aceptan dólares, o con un instituto de belleza como BIOTOP que sólo atiende a las esposas de los dirigentes, sus amantes y extranjeros que puedan pagar sus costosos tratamientos en dólares. Creo que las opiniones acerca de sus derechos han variado mucho para los cubanos.

En lo que respecta a los valores éticos y espirituales, la situación no es mejor. Una sociedad que ha aprendido a dar vivas al gobierno por el frente y a participar masivamente en el mercado negro por detrás, con una juventud donde prostitución y drogas aumentan, que gustan de vestirse con banderas extranjeras y propagandas de productos comerciales, que deifican al extranjero, que prefieren ser camareros en un hotel de turismo que tener un titulo universitario, no es precisamente una sociedad donde se hayan arraigado sólidos y trascendentes valores morales.

Entonces, si el actual gobierno no ha ofrecido nada auténtico a la nación cubana. ¿Cómo justifica su insistencia en mantenerse en el poder? ¿Cómo justifica su presencia como guía del pueblo cubano? La argumentación es ésta: somos los herederos y continuadores (únicos) del proceso que comenzó en 1868. Tal parece un título de realeza que se transmite de padres a hijos y que por tanto no hay razón para objetar.

En ese mismo sentido van los intentos de confundir "la Patria con un partido, la nación con el proceso histórico que hemos vivido en la últimas décadas y la cultura con una ideología" que fueron bien señalados por el arzopbispo de Santiago de Cuba Mons. Pedro Meurice en sus palabras de bienvenida a Juan Pablo II.

Por otra parte, es imprescindible que ninguna otra persona o entidad pretenda reclamar sus derechos sobre el caudal de patriotismo e ideas elevadas que caracterizan a la Historia de Cuba.

En consecuencia, como bien se menciona en La Patria es de Todos: "El gobierno cubano ignora la palabra oposición: los que no comparten su política o simplemente no la apoyan son considerados enemigos....". En este aspecto, los puntos de vista del gobierno cubano son muy originales: jamás ha tenido un enemigo digno. No importa qué intelectual o figura pública se tome la libertad de disentir; inmediatamente se convierte en un traidor, apátrida, homosexual, de pésima conducta moral, con frecuencia enfermo siquiátrico, alcohólico, etc. A este tratamiento no escapan ni los miembros de la cúpula caídos en desgracia, pues recordemos que durante el proceso de Ochoa, los de la Guardia, Torralba, etc., éstos fueron descritos como "gente de vida disipada y corrupta" aunque días antes eran "héroes de la Patria".

De igual forma que en la literatura científica es costumbre citar a fuentes autorizadas, el gobierno de Castro tiene un procedimiento favorito de dar autenticidad a su discurso: citar a José Martí. Lo audaz del procedimiento es la manera en que se extraen frases de un contexto para utilizarlas en otro, según la conveniencia. En ocasiones el modus operandis es aún más burdo, y el Apóstol se convierte en autor intelectual del asalto al cuartel Moncada o en paradigma del monopartidismo, como bien se señala en La Patria es de Todos.

Este procedimiento es un arma de doble filo, pues son bien conocidas las opiniones de Marti acerca del socialismo y los sistemas totalitarios. Para quien tenga dudas, aconsejo al lector buscar en el tomo XV de las obras completas de Martí (editadas curiosamente en Cuba por el actual gobierno). Por ultimo quiero señalar que el Apóstol dijo en una ocasión: "cuando los pueblos emigran, los gobiernos sobran". La actual dirigencia cubana no ha sacado las adecuadas conclusiones sobre esto.

En lo que respecta al concepto de unidad del pueblo, la cúpula gobernante cubana tiene también su singular, torcido y egocéntrico punto de vista. Este grupo no entiende la unidad como la consecuencia de un consenso libre que emana de la voluntad individual de cada ciudadano, sino como un principio sine qua non para perpetuarse en el poder. Tal es así que en el artículo 5 de la "aprobada" constitución de 1976 se le concede al Partido el rango de "fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado".

Para dar rasgos de autenticidad a su unidad, el gobierno ( que es el Partido) se vanagloria constantemente (en un acto además de subliminal cohersión) de la "abrumadora participación popular" en las mas variadas actividades: eleccciones al Poder Popular, Asambleas de Rendición de Cuentas y movilizaciones de todo tipo. Quisiera detenerme en este punto, pues me parece importante esclarecer los auténticos orígenes de esa "abrumadora participación".

Las tres armas principales de las que se ha valido el actual gobierno cubano para garantizar sus objetivos son: la desinformación, el control absoluto de la vida nacional y la represión.

Si algo acompaña a un cubano a todas partes es la ubicua presencia del Estado. Es ante todo el contratador casi absoluto de fuerza de trabajo. Incide en la formación de los ciudadanos de manera profunda pues los Círculos Infantiles, Escuelas Primarias y todo el resto del sistema educativo es estatal. Allí comienza desde muy temprano la manipulación de los hechos históricos. De igual forma que en una proyección de Mercator, una Groenlandia gigantesca aplasta a un Mexico pequeñito, en los libros de texto escolares 40 años de Revolución aplastan a 500 años de Historia de Cuba. Por otra parte, maestros y profesores no pueden manifestar sus puntos de vista divergentes so pena de perder su empleo.

"La Universidad es para los revolucionarios", advierte a alumnos y académicos la propaganda oficial. Curiosamente la constitución vigente dice asegurar el acceso a la educación a cualquier nivel sin importar el credo político.

Es muy conocido en Cuba el chiste en el cual Napoleón le dice a Fidel: "Si yo hubiese tenido un periódico como el Granma, nadie hubiese sabido mi derrota en Waterloo".

Este chiste caracteriza sin dudas, la manipulación de la información que por medio del absoluto control de los medios masivos, ejerce el gobierno de Castro sobre el pueblo cubano.

Cualquier fuente de información es citada y difundida por los medios gubernamentales solo si corrobora o apoyan sus puntos de vista. En caso contrario son calificados automáticamente de "propaganda enemiga". En la prensa cubana sólo hay espacio para la voz del gobierno. Los propios miembros del Grupo de Trabajo de la Disidencia Cubana (como bien señala el documento La Patria es de Todos) hubieron de utilizar órganos de prensa extranjeros y otros medios bien heterodoxos (véase por ejemplo el trabajo de Alberto Pérez Giménez, periodista de ABC publicado en CUBANET el 21 de julio de 1998) para difundir su manifiesto. Cuando en Cuba alguien privado de las opciones de difusión local, hace uso de la prensa extranjera, es acusado inmediatamente de traidor a la Patria. Esta táctica de limitar la actividad de una persona o grupo social y etiquetarlos de traidores una vez que sin opciones, recurren a la ayuda extranjera es básica en el modus operandi del actual gobierno de la Isla.

En los aeropuertos cubanos se decomisa de manera metódica cualquier publicación con contenido político que sea detectada. Paquetes postales con recortes de periódicos reportando acontecimientos políticos desfavorables al régimen jamás llegan a su destino (lo cual habla muy bien del sistema postal cubano). Más aún, si Ud. envía a cualquier dirección de correo electrónico en la Isla un mensaje que en opinión de los "censores" de CENIAI sea ofensivo "a los principios de la Revolución" (y esto puede ser, casi cualquier cosa) se recibirá como respuesta un mensaje con origen en la cuenta de e-mail nobody@ceniai.cu comunicándole que su dirección acaba de ser incorporada a una "lista negra" y que en el futuro ningún mensaje con origen en la misma entrara al territorio nacional. Pruebe y verá.

Internet se ha convertido por tanto, en un azote para el gobierno de Castro. Las medidas de seguridad que se han desplegado para su eventual acceso en algunas instituciones rayan con la paranoia. En la Universidad de la Habana desde el año 1994 se inicio un proceso que culminaría con el acceso de esta institución a la red, pero aun hoy no hay un acceso completo a la misma para los académicos. Curiosamente en el ISPJAE (antigua CUJAE, universidad técnica), desde hace ya varios años se cuenta con el servicio. Eso habla muy bien de la rebeldía y oposición de los académicos de la Colina Universitaria. En más de una ocasión oí decir al actual rector del Universidad de la Habana, Juan Vela que el acceso a Internet "siempre sería restringido". La justificación favorita del régimen es que podría escapar de Cuba "información clasificada", es decir, secreta. Yo estimo que la razón fundamental queda perfectamente esquematizada por el comentario de un ex-colega mío, miembro de una comisión gubernamental relacionada con Internet: "te imaginas que una noche Fidel hable durante varias horas en TV y que al otro día en la mañana puedas sentarte frente a una terminal y leer TODO lo que TODO EL MUNDO piensa acerca de lo que él dijo. El gobierno no puede soportar eso".

Hasta hace muy poco, la casi única fuente de empleo para los cubanos era el aparato estatal. Esto constituía otro medio de cohersión sobre los habitantes de la Isla. Cualquier conducta "antisocial" (no asistir a las guardias del CDR o a los trabajos voluntarios organizados por el mismo; no participar en las votaciones del Poder Popular o en las Asambleas de Rendición de Cuentas) en el área de residencia de un cubano era informada a los organismos políticos de su centro de trabajo. Esto podría costarle la eventual expulsión del mismo o quedar inhabilitado para ocupar cargos mejor remunerados y ser seleccionado para realizar alguna salida al extranjero, mecanismo este que al igual que a las ballenas le permite a muchos cubanos tomar un poco de aire fresco antes de volver a sumergirse. Es de esa manera que se garantizan las "abrumadoras mayorías" de las cuales el gobierno se vanagloria constantemente.

Pero si en algo la actual cúpula gobernante ha dado muestras de una gran maestría es en lo que a represión se refiere. Este es el concepto que más le cuesta percibir a muchos de los que visitan la Isla. En cierta ocasión un amigo y ex-colega discutía sobre el tema con una periodista uruguaya, buena conocedora esta última de lo que fueron capaces los militares en su país.

Su argumento central era éste: "Yo no sé de qué represión me hablas vos aquí en Cuba. Aquí nadie aparece muerto en la mañana, aquí no hay desaparecidos...". A lo cual mi amigo respondió: "Los militares chilenos, argentinos, uruguayos y brasileños pueden ser unos carniceros, pero Fidel Castro es un cirujano".

En efecto, con un corte preciso y sin aspavientos ha logrado amputar a lo largo de toda su maratónica dictadura casi todos los brotes de descontento que su incapacidad de brindarle bienestar al pueblo cubano han provocado. Sólo algunos casos particulares (la Embajada del Perú, los sucesos del 5 de agosto de 1994, etc.) se le han escapado de las manos.

La estrategia que ha seguido la dictadura de Castro para desprestigiar y eliminar a los opositores es a grosso modo ésta: Una vez que sus actividades políticas han sido detectadas el largo, invisible y ubicuo brazo de la Seguridad del Estado informa al centro de trabajo de las mismas. Si el acusado trabaja en un centro de estudios o en un centro de investigaciones científicas, organismo de la dirección central de estado o algún otro de carácter estratégico para el gobierno, pierde automáticamente su empleo. Ningún otro centro de la misma categoría lo aceptará pues NADIE contrata a un opositor político. Para ellos sólo quedan oficios como sepultureros, cazador de cocodrilos en la Ciénaga de Zapata, obrero de la construcción o agricultura. Por otra parte, en Cuba (excepto la minúscula fracción de la población asociada a la cúpula gobernante) todos sus habitantes participan en una u otra medida en el mercado negro. Por tanto no es difícil fabricar un delito de "receptación", figura delictiva que implica la posesión de un producto alimenticio o industrial de dudosa procedencia. O bien enarbolar el concepto de "peligrosidad", aplicable a aquellos que no trabajan (no importa si no son aceptados en ningún empleo). O bien declalarlos "agentes del enemigo" si aceptan ayuda económica (imprescindible para subsistir en las circunstancias arriba descritas) de organismos internacionales o diplomáticos extranjeros acreditados en la Isla. En cualquier caso. los opositores van a la cárcel condenados por delitos comunes, lo cual le permite a Castro afirmar que en Cuba no hay presos políticos. Además, de paso, le muestra a la confundida población que los limites entre la delincuencia común y los opositores son muy difusos.

El cuadro anteriormente descrito tiene un carácter estático. Es sólo un fresco del andamiaje sobre el cual se apuntala el actual régimen de la Isla. Para comprender la trascendencia del documento La Patria es de Todos en su contexto es preciso ver la evolución dinámica de la sociedad cubana en los últimos años de crisis y sus antecedentes.

La credibilidad de la cúpula gobernante frente a la población había recibido a lo largo de estos 40 años varios golpes, siendo los más notables sus pretensiones de coqueteos con la comunidad cubana en el exterior (que convirtió a los "gusanos" en "mariposas" triunfantes), las periódicas purgas de ministros y dirigentes por corrupción y los sucesos relacionados con Ochoa, los De la Guardia, D. Torralba, el ministro Abrantes, etc. Pero la miseria y el dramático descenso del nivel de vida sufrido por el pueblo cubano entre 1990 y 1993 y la manifiesta incapacidad del gobierno para manejar la crisis fueron un golpe definitivo y desde mi punto de vista, marcaron un punto de no retorno en la pérdida de confianza del pueblo en el gobierno. A regañadientes el tirano autorizó el 26 de julio de 1993 la tenencia de dólares en la población y poco más de un año después (a posteriori de los sucesos del 5 de agosto de 1994) permitió a los campesinos la venta de sus excedentes agrícolas a la población, legalizando además el ejercicio privado de un grupo de actividades (plomeros, carpinteros, taxistas, etc.). Surgieron los llamados "paladares" y se inicio un período de tolerancia con el alquiler de viviendas. Son propios de aquella época los flirteos con el gobierno de Estados Unidos y la aparición de un cosmético clima de tolerancia. La facción reformista dentro del poder ganaba terreno.

La consecuencia inmediata para el régimen (y muy peligrosa por cierto) fue una disminución notable de la capacidad movilizativa del mismo. Los multitudinarios actos en la Plaza de la Revolución fueron suspendidos. La arrogancia del tirano le impedía ponerse al frente de unos cuantos firmes seguidores en el mismo escenario donde otrora había logrado reunir decenas de miles. Por primera vez en 37 años los cubanos asumían que podían vivir al margen del gobierno. "A mi ya no me importa el CDR ni sus guardias, ni el sindicato, ni el PCC, ni las MTT", me comentaba un ex-vecino, propietario de un paladar, que visitaba en Canada a su hija. "Mi único problema consiste en hacer cada día que mi negocio produzca".

Este proceso continuó su curso hasta finales de 1995, en que el tirano, en una serie de airados discursos criticó a aquellos que "ganaban en un día más que un maestro en un mes". En la cúpula se gestaba una contraofensiva.

El 24 de febrero de 1996 fueron derribados dos aviones de la organización Hermanos al Rescate en aguas internacionales. Este hecho sangriento cubrió con una cortina de humo otro también violento que ocurría en La Habana: la proyectada reunión de Concilio Cubano es abortaba por el encarcelamiento de buena parte de sus miembros. Esta organización fundada el 10 de Octubre de 1995 agrupaba a más de 120 organizaciones políticas, humanitarias, sindicales independientes y profesionales. En el artículo primero de su Declaración Oficial se expresaba "la determinación de trabajar por una transición absolutamente pacífica hacia un estado democrático de derecho que no albergue violencias ni odios o sentimientos de revancha y que incluya por igual a todos los cubanos". Tales planteamientos deben haberle parecido una herejía al régimen de Castro a juzgar por la fuerza con que reprimió a sus miembros.

Comenzó una cacería de brujas contra intelectuales y académicos cubanos, que llevaron a la muerte al director del Centro de Estudios de América y al exilio a otros muchos, Semanas después el gobierno (que es el Partido) trató de validar tal actuación en el informe del V Pleno del Comité Central del PCC. Durante su lectura, el general de ejército Raúl Castro, con su habitual estilo de payaso frustrado (plenamente justificado por la mediocridad de sus chistes) dejó en claro que el gobierno que encabezaba su hermano pretendía regresar a la "línea dura" y las posiciones de los años 60's y 70's. En lo que parecía un epitafio para la incipiente iniciativa privada cubana, este señor declaró: "el trabajador por cuenta propia, por el carácter individualista y egoísta de la actividad que realiza, no es consustancial con el proyecto social que pretendemos".

En los meses que siguieron los cubanos fueron testigos de una contraofensiva en toda la línea. La presencia del Comandante en Jefe en los medios masivos aumentó. Los espacios de cine de la televisión cubana (uno de los poquísimos entretenimientos de los cubanos) comenzaron a reponer viejos filmes de "la época heroica". La prensa se volvió muy agresiva con los negocios particulares, apareciendo con frecuencia "comentarios de opinión" en el cual se fustigaba a la iniciativa privada cubana por su "desleal competencia con el estado". Los impuestos aumentaron con el único objetivo de ahogar a los cuentapropistas. A los inspectores de Comercio Interior les preocupaba más una mosca en un "paladar", que un vertedero de aguas albañales en un restaurant estatal.

Aparecieron, cual plaga incontrolable, vallas con el lema "Sí se puede", que representaban, más que nada, el suspiro de alivio del régimen que comprendía que lo peor (para ellos) había quedado atrás. Los dirigentes partidistas comenzaron a hablar de "una recuperación de la situación político-ideológica". Entiéndase por ese concepto, el reconocimiento de que su capacidad de reprimir al pueblo y usarlo en favor de sus objetivos de grupo había mejorado. Se pusieron nuevamente de moda las "abrumadoras mayorías".

Es en medio de este contexto triunfalista de falsa unanimidad que se hace público La Patria es de Todos. Al Partido le quedaba por delante un nuevo Congreso en el que pretendía demostrar (al mundo y al pueblo cubano) que era el único interlocutor viable sobre la realidad cubana. Que los sueños de verlo caer derribarlo por tierra eran cosa del pasado. Que era de nuevo "el representante único de los intereses de la clase obrera cubana". Sin duda alguna no fue así. El documento de Vladimiro Roca y sus compañeros mostró al mundo una realidad cubana diferente a la de las "abrumadoras mayorías" y "la unidad monolítica del pueblo junto al Partido y a Fidel" que pregonaba la propaganda oficial. El gobierno de Castro ha pretendido siempre que el asalto al cuartel Moncada fue un desagravio al Apóstol "en el año de su centenario". Mi punto de vista es que La Patria es de Todos fue un grito de rebeldía que reivindicó el derecho a la libertad del pueblo cubano en momentos donde el tirano volvía a la carga con renovada fuerza.

El futuro para sus redactores es incierto. Tal vez las tímidas peticiones del canciller Matutes logren sacar de prisión a estos cuatro patriotas. Ellos, al igual que los restantes miembros y dirigentes de los grupos de oposición dentro de la Isla, así como los periodistas independientes han dado muestras de una enorme entereza moral, mostrándole al mundo que SI existe una oposición a la tiranía dentro de la Isla. José Martí dijo en una ocasión: "Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay otros que llevan el decoro de muchos hombres." Creo que muy bien describe esta frase el comportamiento de estos patriotas. No habrá solución honesta, justa y posible al problema cubano sin contar con aquellos que desde el interior de la Isla ha mantenido la dignidad y la verguenza de nuestra nacionalidad.

Andrés Crabb es Doctor en Biología. Fue profesor de la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana durante 18 años. Salió definitivamente de Cuba en el año 1995. Actualmente trabaja en una universidad del área de Montreal.


Jan y cuje: ¡Qué nombre para una traidora!

por Roberto Luque Escalona

º Ana Belén. La madre de María y el lugar donde nació Jesús. ¡Qué nombre para una traidora! Tan grande fue su traición que Esteban y sus secuaces prefieren no hablar de ella, mientras visten de héroes a los cinco mequetrefes de la Red Avispa. No es menosprecio: si de espías se trata, casi todos resultan unos mequetrefes al lado de Ana Belén Montes. Aún no he leído el libro de Scott Carmichael, el que la desenmascaró, pero no pienso esperar por la traducción. Aunque el título, True believer (Verdadera creyente) no me parece adecuado. ¿En qué se supone que crea una persona que traiciona a su país en beneficio de un gobierno como el de Esteban Dido? ¿Acaso ignoraba Ana Belén Montes la clase de HP que es Esteban y el carácter perverso y destructivo de su gobierno? Entonces, ¿ es una estúpida? No; no lo es. Es una hija de mala madre. ¿Qué no recibió dinero por su traición? ¿Cómo lo sabe Scott Carmichael? El dinero puede estar en Suiza, en las islas Caimán o en la propia Cuba, esperando por ella. De todo modos, los motivos de Ana Belén son irrelevantes. Un traidor es un traidor, no importa lo que le haya llevado a traicionar. Mirando las fotos de la espía me doy cuenta de que es una mujer carente de atractivo físico. ¿Le llamaban fea en la escuela y eso la preparó para la traición y la hijeputez? Pamplinas. Pienso en las mujeres feas que he conocido a las que, por sus cualidades, se les llama “bellas personas”. Ana Belén no es una mujer bella y menos aún una bella persona. Es, simplemente, mala.

º El periodismo miamense sigue cuesta abajo en su rodada, las ambiciones pasadas ya no las puede alcanzar. Merida, ciudad de nombre extremeño, es llamada “capital de la cultura maya”, cultura que se extinguió 500 años antes de que dicha ciudad fuese fundada por españoles. Muere el director de Cool Hand Luke, película que pasan una y otra vez por la televisión, y el protagonista es descrito como “un pandillero”, aunque Luke Jonson va a la cárcel por destruir parquímetros estando borracho. Leonidas, rey de Esparta, el de la victoria sobre los persas en el desfiladero de Las Termópilas, es llamado “ateniense”, aunque ni él ni sus súbditos tienen nada en común con Atenas a no ser su condición de griegos. Abel Prieto, Ricitos de oro, es “el flamante
Ministro de Cultura” del estebanato, aunque flamante significa “nuevo” y Ricitos lleva años en el cargo. Un fanático del tenis le grita a Serena Williams lo que se califica como “insulto racial”, la hermosa negrona (espero que esto no sea considerado un insulto racial, aunque con los prietos nunca se sabe) protesta ante el juez y el sujeto es “execrado”, en realidad expulsado, del torneo de Key Biscayne. En un ditirambo dedicado a alguien se dice que “el destello de sus quilates habían...”, aunque se habla del destello, no de los quilates y, por tanto, debe ser “había”. Luego, dale con “ícono” en lugar de icono, con “a la misma vez” en lugar de a la vez, y con la conversión en “legendario” y “mítico” de cualquier persona, lugar u objeto que famoso sea. Español de tercer día de la semana laboral. Por si no me entendieron: de miércoles.

º Pequeño ejercicio de imaginación: imagínense que yo, aficionado al tenis pero pobre, compro un carísimo boleto para ver el juego entre Serena Williams y María Sharapova en lugar de verlo por la televisión. Ataviada con su habitual vestimenta de Mira-Que-Buena-Estoy, Serena sale a la cancha, y yo, perdida la serenidad, me levanto de mi asiento y grito a toda voz:
“¡Serena! ¡Eres un bombón!” Como la cubierta de los bombones siempre se hace con chocolate y el chocolate es de color muy oscuro, ¿me acusarían de proferir insultos raciales y me “execrarían” del estadio de Key Biscayne? Todo es posible en esta América a quien demagogos y charlatanes han inculcado absurdos complejos de culpa.

º Según el Nuevo Herald, en China proyectan reciclar el excremento de los osos pandas gigantes para producir... ¡papel higiénico! Siempre según el susodicho diario, el panda gigante entrega diariamente 20 kilogramos -44 libras- de caca. ¡Oiga, eso es jiñar! Pensándolo bien, me parece demasiado. Los pandas gigantes, a pesar de su nombre, no son animales particularmente grandes. Se les llama así porque son mucho mayores que los osos pandas comunes, pero no superan en tamaño y peso a un perro grande, un san bernardo o un terranova.

Me pregunto si un oso grizzly o uno polar, los más grandes entre los plantígrados, será capaz de obrar tantas libras. Esto debe ser otro cuento chino, como aquel de los barcos chinos de la antigüedad a cuya vera un galeón parecía un bote de remos. ¿Se acuerdan de eso? Lo publicó el National Geographic Magazine y yo lo comenté. ¿No lo recuerdan? Hacen bien. Lo mejor que se puede hacer con una mentira es olvidarla.

º Y ya que hablo de China, las camisetas de Kobe Bryant, Allen Iverson, Tracy McGrady, Dwane Wade y Lebron James se venden más allí que las de Yao Ming. Esta tibieza de los chinos con su superstar me recuerda la actitud del Miami cubano hacia los dos mejores bateadores nacidos en Cuba, que también son los mejores peloteros que haya producido esta ciudad.

º Un borracho, con el vehículo en drive y el pie sobre el freno, duerme ante un semáforo en una calle de Júpiter. Se pone fatal, porque un cop que patrulla la zona nota que un SUV no se mueve ante una luz verde. Luego viene una amarilla, una roja y cuando el semáforo se pone de nuevo en verde y el SUV no arranca, el cop va a averiguar what the hell was going on y encuentra al chofer dormido. Cuando le pide la licencia descubre que el sujeto se llama Anthony LaRussa. Ya en el talego, le hacen la prueba para medir el contenido de alcohol en la sangre. El resultado es 0.093; el límite permitido en la Florida es 0.08, de modo que el manager de los Cardenales de Saint Louis porta una curda bastante buena.

Me alegré. Me alegro. Infinitamente. Lástima que no se rompiera la crisma en su borrachera. Hace quince años, en 1992, pocas semanas después de mi salida del infierno, un pelotero cubano llegó al club house de los Atléticos de Oakland, se vistió, salio al terreno, calentó los musculos, cubrió su posición en el outfield, regresó al dugout, tomó su bate y se paró en el circulo de espera. Entonces, el manager, Tony LaRussa lo llamó. Lo llamó para comunicarle que había sido cambiado a los Rangers de Texas. El cambió había sido efectuado el día anterior, pero LaRussa esperó que el cubano estuviese esperando su turno para batear y entonces, delante de miles de personas, llamarlo y anunciarle que ya no pertenecía al equipo, en la mayor humillación sufrida por un jugador y la mayor exhibición de hijeputez por parte de un manager que se haya visto en las Ligas Mayores. Sin embargo, ese hombre que humilló por pura maldad a un compatriota nuestro, jamás ha escuchado un abucheo las veces que ha venido a Miami con los Cardenales.

Ese tipo de actitudes me provoca una desagradable sensación de soledad. Porque yo soy distinto. Los cubanos a menudo me sacan de quicio, pero si alguien no cubano se mete con ellos injustamente, yo lo ripio. Como ripié a Carl Hiassen por decir que Raúl Martínez había implantado la corrupción en Hialeah, a Raúl Martínez, que me cae como una patada más abajo de la espalda. Pero es cubano; más aún, gústeme o no, es una figura representativa de nuestra comunidad. ¿Tribalismo, mentalidad de tribu? Yo lo llamo conveniencia. Pertenezco a una comunidad pequeña por su número y envidiada por su éxito económico, y no me conviene que un cubano representativo sea destruido. Así de simple.

º En el otro extremo en materia de solidaridad están los negros americanos. Despiden al administrador del sistema de transporte público del condado, un negro, y allá van sus brothers and sisters a armar un guirigay. Lo cierto es que el transporte por autobuses en esta ciudad es una plasta y si hay que pasarle la cuenta a alguien por el mal funcionamiento, ese alguien debe ser el que dirige el sistema. ¿O qué pretenden los afros, pasarle la cuenta a los guagüeros?. Yo debo ser la única persona en esta ciudad con espacio en la prensa escrita, la radio o la televisión que utiliza el transporte público, y cuando digo que es una porquería lo afirmo con conocimiento de causa, algo que seguramente no pueden decir la ex congresista Meek, los infaltables reverendos y los demás que protestan por la destitución de su bro, pero que nunca han protestado por la cantidad de tiempo que pierden algunos esperando por una guagua.

º Kirchner y su evítica esposa (quiere ser una segunda edición de Eva Duarte) compiten en cuanto a dureza facial. Porque caradura hay que ser para decir que el gobierno argentino nada tuvo que ver con el circo bolivariano que organizó Chávez en Buenos Aires. Pareja bien llevada, los Kirchner. Casi tanto como los Ortega-Murillo de Nicaragua, que han alcanzado los más altos niveles en materia de complicidad: “Yo violo a tu hija adolescente y tú me defiendes”.

º Las Damas de Blanco desfilan asediadas por una turba de pelandrujas estebánicas. ¿Se fijaron en el atuendo de las guaricandillas? Todas vestidas con esa ropa que en Cuba llaman “de la Yuma”, enviada por sus parientes de acá o compradas en tiendas “área dólar” con los fulas que de aquí les envían. Si alguna vez alguien de mi familia aparece entre esa gentuza vociferante, le corto el agua y el carbón.

º Sigue el debate en torno a los impuestos a la propiedad. Sigo insistiendo en que los beneficiarios de la exención deben ser, en primer lugar, los viejos retirados. Tratar de manera igual a personas con situaciones desiguales es una de las peores formas de desigualdad.

º Recién llegado, con mi hijo retenido en Cuba, organicé una campaña por su liberación con el apoyo de varios músicos, sus colegas, entre los que no puedo dejar de mencionar a Paquito D’Rivera y Edito Martínez. Se circuló una carta con ese objetivo entre músicos y cantantes. Firmaron cubanos como Willy Chirino y Lissete, y extranjeros como Chayanne y Braulio; hubo firmas esperadas como las de Olga Guillot y Celia Cruz, e inesperadas como la de Rubén Blades. Pero Gloria y Emilio Stefan no firmaron, quién sabe por qué. Desde entonces les tomé ojeriza y no es ésta la primera vez que les doy cuje. Recuerdo cuando se retrataron junto a Nelson Mandela, el que proclamó en Miami su amistad con el Coma Andante. Ahora vuelven a las andadas: en un disco de “homenaje a Cuba” incluyen a Carlos Santana, que se pasea con el Che Guevara en el pecho. ¿Necesitan un buen guitarrista? Aquí tienen a Juanito Márquez.. Pero no; tenían que usar a este “hermano latino”, uno de esos hermanos que me hacen desear ser hijo único. Antes de terminar, haré una declaración de principios: todo aquel que admire al matarife de La Cabaña es un hijo de puta, y si la admiración se debe a la ignorancia, entonces es un imbécil.


De Norberto Fuentes a Ivette Leyva

Por Roberto Luque Escalona

Desde que Norberto Fuentes, el bufón de los mellizos De la Guardia, desapareció de Miami, no había leído un gracias-a la-vida-fidelista como el de Ivette Leyva en el Herald del pasado sábado. La muchacha está molesta por “la noción omnipresente en Miami de que la nostalgia ’políticamente correcta’ es la que se puede sentir por la Cuba previa a 1959… idea sustentada en la satanización de la Cuba castrista”. Yo viví 32 años de mi vida en esa Cuba, según Ivette, satanizada, y, me pregunto, ¿qué podría añorar? ¿La omnipotencia y omnipresencia del aparato represivo, las colas, la peste, el viajar colgado de la puerta de una guagua, los apagones, la falta de agua, la mezcla de agresividad y cobardía, la hipocresía como sinónimo del sentido común, las universitarias que se prostituyen, el apartheid turístico, la chusmería convertida en emblema nacional, la dolce vita de los mayimbes en medio de la miseria que ellos mismos crearon, los actos de repudio, el viejo que orina a pleno sol en Carlos III e Infanta, la mujer que hace los mismo en 25 y O, el trozo de cornisa que se derrumba a unos pasos delante de mí cuando me dispongo a cruzar la estrecha calle Jovellar, las consignas estúpidas, las marchas del pueblo chivatiente?

En Cuba todavía se puede ser feliz-le dice una muchacha al novio cuando comienzan a descender de la solitaria cumbre del Pico Turquino después de hacer el amor a 2,000 metros de altura; luego aclara:- Si se está lo suficientemente lejos de casi todo el mundo.

¿Satanización de la Cuba castrista? Delito imposible, diría un abogado. No se puede satanizar lo que es satánico por naturaleza. No se puede demonizar a los demonios.

Sin embargo, Ivette tiene buenos recuerdos de esa Cuba, imborrables momentos que siempre guarda el corazón, “desde los jugos búlgaros a los helados de naranja piña de Coppelia”

(¡Venir a hablar de jugos y helados en los Estados Unidos!); “los piropos en la calle” (Me los imagino: “¡Blanca, si te cojo ese …!”); “las noches largas escuchando a Silvio Rodríguez (Tratando de dilucidar qué cosa fuera la maza-o la masa-sin cantera y reclamando un rabo de nube que se llevara lo feo y les dejara el querube y otras barrocas idioteces).

¿Así que los balseros alquilan muñequitos rusos? En Cuba, niños había que, cuando aparecían en la pantalla, se levantaban del asiento y hasta luego. En el programa Detrás de la fachada, el personaje llamado Bernabé (Enrique Arredondo) amenazaba a su majadero nieto con obligarlo a ver muñequitos rusos (Por supuesto que lo suspendieron). ¿También alquilan las series de espionaje dedicadas a glorificar asesinos como los de la Red Avispa? Con aquellos superhombres de pacotilla encarnados por actores abominables: René de la Cruz (“Parece una cosita mala”, decía mi suegra), Sergio Corrieri (Para quien actuar era sinónimo de guapería; parece que en la escuela le quitaban la merienda), Mario Balmaceda (Con su horrible dicción de habanero virulilla: “Hay un muetto en la yebba del jaddín de la casa vedde que está frente al pacque”).¿Es eso lo que le gusta a los balseros? Como dijo Ortega (el torero, no el filósofo): Tié que habé gente pa’ to’.

Si Ivette Leyva es capaz de añorar semejante cochambre, nunca será feliz aquí. Por tanto, me permito sugerirle que vuelva a su Cuba querida. Y, por favor, si está casada con quien yo creo, que se lleve consigo a su maridito. (Fuente: Libre).